Nunca es el momento perfecto

Sea lo que sea, una y otra vez descubro que tenemos que confiar. Hablo de decisiones importantes, no de chutar la pelota en un partido de fútbol, sino del compromiso por el que la propia libertad acepta limitarse nuevamente a pesar de lo vivido en ocasiones anteriores. Una y otra vez, examine lo que examine, me enfrento a una circunstancia en la que se podría decir que conviene esperar, buscar mejor momento, estar mejor preparado, tener mayores certezas. Cuando he apostado por esa pausa indeterminada las circunstancias se han complicado aún más, viendo cómo aumentaba la ansiedad ante la decisión. Una cierta prudencia, dicho sea de paso, es más que buena y recta. Así como no hacer las cosas a la ligera. Pero no se trata de eso tampoco, porque la prudencia y la seriedad ante la vida no merma y hace inncesaria la confianza; si acaso aumenta su complejidad y su imperfección y la finitud de la libertad.

No hay momento perfecto. Pero sí hay circunstancias propicias, porque aquello que nos rodea y parece comúnmente interte tiene en realidad un movimiento interior y un sentido, una orientación, un horizonte, un norte. Las cosas, la realidad abre su sentido, aunque sólo sea por eso, en una determinada posición ante la vida. No de cualquier manera. Es entonces, sabiendo de qué va todo, cuando los vientos se pueden reconocer como una oposición o como propicios.

Dará igual, dicho sea de paso, si no sabemos qué queremos ni a dónde vamos. Los tiempos perfectos para quienes no toman decisiones nunca son los tiempos fuertes, el mero dejarse llevar sin hacer nada en ningún sentido. Ser un veleta. Para otros, que prefieren tener todo controlado, lo más perfecto es lo más suave, lo que menos oposición ejerce en cualquier dirección. Lo mejor sería mantener de uno y otro una cierta sabiduría, que podemos ver en la docilidad y en el autodominio. Sin embargo, quedará siempre ser fieles y estar en la realidad, preguntar lo que hay, saber de qué van las cosas, descubrir esos vientos, rutas y maneras, que no son modas. Hay quien habla de “los signos de los tiempos”.

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