Mayor realidad

En el debate entre lo virtual y lo real, que habría que saber previamente si no se trata más que de una diferenciación artificial puramente, se suele descalificar la presencia y vida en la red frente a la vida real real, a la vida cotidiana. No creo que falte en ocasiones razón en esa observación. Sin embargo, no creo que sea nueva. Si acaso diría que es o bien la eterna humana contradicción entre nuestras palabras y acciones, o bien la permanente y clara incoherencia entre lo que es en verdad y las apariencias. Es decir, que daría la razón a los que así hablan siempre y cuando digan que no están tratando ningún tema excesivamente nuevo. Si acaso, por añadir un plus de valor a sus palabras, una forma nueva de lo mismo de siempre. Porque respecto a lo original y lo verdaderamente nuevo el ser humano conoce avances poco menos que superficiales, con una cierta capacidad para abordar lo mismo de siempre, su pregunta constante sobre sí, sobre el mundo, sobre la realidad, sobre el prójimo.

Ahora bien. Diría que en esta confrontación pocas veces, por no decir ninguna, se alude a una sensación en positivo que surge con más frecuencia de lo que creemos: el deseo y el ansia de ser más real, de hacer algo, de aportar significativamente, de construir lazos más allá de las palabras, de conectar. Todo eso lo resumiría bajo el ímpetu de ser más real, de estar más vivo, de no apostar por cualquier cosa. Y esta tendencia existe. De hecho, la red ha abandonado sus muros y ha superado sus palabras en más de una ocasión para convertirse en pura acción, para ejercitar aquello que ha pensado, tejido y comprometido. Incoherencias nunca faltan, ni faltarán. Lo cual no desvirtúa ni desdice esta capacidad que tiene internet, las redes sociales, los blogs, las webs… de generar más vida, de hacer desear más y mejor vida, de comprometer a las personas con determinadas causas.

Si algo, además, me gusta de las redes es esa permanente alusión a lo esencial, que no puede hacerse del todo explícito en la vida, y a los principios que la mueve. En el fondo, por mucho que se diga, descubro adolescentes y mayores, mujeres y hombres buscándose a sí mismos conscientes de que no se trata de encender y apagar Twitter o de compartir o no una foto en Facebook, cuanto de vivir al máximo.

En esto, visto en panorama la historia de la humanidad, aunque no hemos descubierto nada nuevo, intuyo que se está haciendo cada vez más potente la voz que reclama que el paso del tiempo no sea inerte, que las grandes causas de la humanidad se hagan motivo de esfuerzo para todos, que podamos dar paso a nuevos retos sociales y culturales, que se vincule más estrechamente aún si cabe la relación y el compartir, la solidaridad y la fraternidad.

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