Todo cambia cuando nos afecta

Antes hablaba de oídas, dice uno. Todo cambió cuando vio, sintió y escuchó por él mismo. Antes trataba en la distancia, dice otro. Pensaba que era objetivo porque la perspectiva servía de defensa de su propia realidad y pensamiento. Sus ideas surgían libremente, sin ataduras y volaban. El secreto de sus palabras estribaba en la falta de realidad, sin peso alguno. Manejaba ágilmente la pluma porque no le dolían los pies. Parecían bellas porque eran muy solemnes, carentes de las arrugas y achaques de la sabiduría y la experiencia.

Cuando nos afectan, las cosas cambian. ¿O sería mejor decir que cambiamos nosotros, que cambia nuestra mirada?

  1. Nos posicionamos de forma diferente. De repente, empequeñecemos. Lo que antes era pequeño se hace grande, toma nuestro lugar. Quizá los grandes problemas de la vida nos brinden la oportunidad de volver a empezar, nos desmonten y exijan retomar cosas casi desde el inicio. En el mejor de los casos nos facilita un camino de acercamiento a nuestra propia realidad y límites que es muy liberador, una travesía hacia lo esencial sin las superficiliadades y los apegos idílicos (en el peor sentido de la palabra). Posicionarse significa buscar un lugar desde el que poder afrontar, con movimiento.
  2. Adiós seguridades, protecciones, palabras alegres. Gravedad de la mano del interés más acuciante. Nadie quiere superficialidades llegado este momento, ni relativismos que vengan a tranquilizar conciencias, ni verdades a medias ni medias mentiras, ni maldades que compliquen las realidades y malmetan entre las personas, ni resoluciones provisionales para calmar y apaciguar los ánimos. Nada, salvo algo más, consuela.
  3. Nos da igual la endiosada objetividad, que nunca ha existido. Subjetividad, interés personal, implicación, intención personal. ¡Que no somos máquinas que contemplan cómo el mundo se mueve!
  4. Cuando decimos que nos afecta es porque nos altera, desequilibra, mueve. La mayor parte de los problemas nos demuestran que no somos tan racionales como escribimos en los libros, nos despiertan las pasiones, las emociones, las creencias. Los que creen que todo esto es contrario a la razón son sencillamente estúpidos. Todo puede sumar en la misma dirección. Ser emocional no implica ser irracional y ser racional no es igual que ser de piedra. Esos son estereotipos simplificados de personas que viven en cubículos llenos de papeles.
  5. Cuanto antes se resuelva, ¡mejor! Nada de posponer, redactar documentos, estudiar el asunto. O si tiene que ser, que sea rápido. Cuanto antes mejor. Vernos dentro del problema compromete nuestro tiempo, que es nuestra vida. En ocasiones llega a amenazarla directamente. Deseamos vivir al máximo y estrujarla. Nada bueno para mañana. Todo hoy, y cuanto más mejor.
  6. Nos volvemos más compasivos y sensibles. Ser tierno y débil es una virtud de las grandes, indiscutiblemente. Construye lo humano en su fundamento mismo. Algunos filósofos hablan de la contingencia y la vulnerabilidad, pero quisieran hacerlo en positivo hablando de la sensibilidad y la ternura. No pueden porque sensibilidad se opone en sus restrictivas mentes a racional, y ser racional es lo más según parece. En absoluto, ternura racional, debilidad racional y comprensiva, sensibilidad inteligente.
  7. La voluntad se mueve y se remueve. Quiere intervenir, solicita turno de intervención. Alguien inteligente sabe que no puede dejarse llevar por el primer impulso. Pero qué importante es ese primer impulso para demostrar a la persona que tiene fuerza y carácter, que no va a dejarse llevar sin más por los acontecimientos, que quiere conducir su historia y ser en ella protagonista. Insisto, aunque tenga que esperar tiempos mejores ya se ha puesto en marcha.
  8. Todo esto deja huella. No sólo nos sabemos vivos, sino que reconocemos que estos tiempos intensos son vividos a fondo. En verdad, creo que no durante mucho tiempo podemos estar afectados de forma grave porque quebraríamos. Al menos el común de los mortales, entre los que me incluyo. Lo importante, a mí así me lo parece, es no dar marcha atrás, no recuperar lo que superamos, no volver -si en verdad se puede- atrás y despreciar la nueva atalaya conquistada. Desde aquí el mundo se ve, como poco, diferente.
  9. Optimizamos todo y nos sabe insuficiente. Ajustamos y ajustamos, y nada. Así es. Lo que antes nos parece que otros podían hacer en dos chasquidos, nos cuesta horrores. Lo he visto cientos de veces. Esos que explican en papel cómo debe ser el mundo y luego sudan la gota gorda por hacer realidad la primera frase. Algunos desesperan y reniegan tanto de sí mismos que se vuelven ateos de mundos mejores, escépticos redomados, indiferentes egoístas. Cuando nos implica, las decisiones no se toman en balanzas, conocemos el precio de las cosas. Ya lo decía mi madre una y otra vez. ¡Te vas a enterar de lo que vale un peine!

Así de egoístas somos.

Incluso la frase anterior se ve diferente cuando el egoísmo nos implica, cuando nos reconocemos así con el alcance real que tiene. Nadie pronuncia la frase anterior en verdad y sin tristeza. Jodidamente cierta.

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