Por qué no quiero ser presidente de gobierno

En otro momento ya dije por qué creo que el poder no corrompe a las personas. Porque estaban corruptas antes. En la lucha por el poder es fácil ver cómo se combate sin caridad ni respeto al prójimo o a la verdad.

Yo tengo mis razones para no ser presidente de gobierno.

  1. Nunca me han elegido para el cargo. Si lo hicieran, me sentiría muy decepcionado. Probablemente dejaría de ser demócrata al instante. Lo digo sinceramente. Quizá antes me vengaría de quien propuso mi nombre, por desleal.
  2. No tengo ni idea de qué hay que hacer. Podría sacarme fotos en las escaleras, saludar a la gente paseando por la calle. Pero de puertas para adentro, ni idea.
  3. Gobernar no es lo mismo, intuyo, que decir cómo me gustaría que fueran las cosas. Se trata de llevar una nación a buen puerto. Yo veo cómo se afanan y sufren personas para coordinar equipos pequeños, de 20 o 30 personas, y no imagino lo que debe ser sacar adelante a millones de personas.
  4. No soportaría la presión de unos y otros, las luchas internas entre los cercanos. Necesitaría trabajar con otros, confiar en quien está más cercano, que a su vez tiene que confiar en otros tantos y así varias veces. En todos esos grupos habría personas injustas, que se aprovechan de la situación, que quieren medrar. Es un hecho, de la naturaleza humana. Pretender lo contrario es estupidez. Y yo tengo un problema grave y serio con los que ponen buena cara y luego son tremendamente crueles con los demás. Los he visto en todo lugar al que he ido.
  5. No podría sacar adelante equipos de trabajo donde tantas personas saben tanto. Y de política, economía, medidas sociales, el bien y el mal saben todos demasiado.
  6. Me pesaría mucho el fracaso y los errores. Percibo que cuanto más arriba estás en el poder, y entiendo que un presidente tiene mucho poder, los errores los pagan los de abajo de manera proporcional. Y como nadie es perfecto, creo que me equivocaría más de una vez y eso me dolería enormemente. Es decir, que irme a la cama creyendo que he hecho lo mejor que he podido y que las cosas no han ido bien, o no daban más de sí, o no he podido lograr lo que quería… me dejaría sin dormir una y otra vez.
  7. No sabría poner buena cara a las críticas de quienes dicen lo primero que se les ocurre y lo fácil. Esto lo he vivido de otras maneras, y siempre sucede. Estés donde estés. Incluso en África un profesor de primaria que no sabía dividir me acusó públicamente de inventarme las cosas por enseñar a dividir bien a alumnos de 5ºPrimaria. Pero también sé que quien gobierna y manda tiene que aprender a callar y no puede decir todo lo que sabe, todo lo que piensa, todo lo que lleva sobre sí. Y, sin embargo, aguantar las palabras fáciles de los demás.
  8. No valgo para eso, mi lugar es otro. No es por falta de vocación de servicio, ni por “escurrir el bulto”. Es que mi lugar es otro, y lo tengo claro. Más pegado a los problemas directos, a los microtemas de cada día y no a los macroasuntos que van y vienen.
  9. Me he vuelvo muy doméstico, y esta gente viaja mucho. Creo que terminarán aborreciendo tanto tiempo fuera de casa y de los suyos. Podría empezar con ilusión las dos o tres primeras veces, pero poco más. Y no creo que sea una buena motivación para aceptar y ejercer el cargo. Ni siquiera una buena colección de selfies.
  10. Es verdad que creo que las personas que se corrompen con el poder van deterioradas previamente. Pero el poder daña a las personas, en cualquier caso. He visto que gente buena cambiaba y dejaba de ser cercana, de hablar con sencillez, de sentarse donde siempre, de tomarse la vida de igual manera. He visto también cómo salen canas, se pierden momentos importantes de familia, se habla despreciando a los demás, se toman decisiones sin consultar o sin escuchar. El mero de hecho de creerse más que otros, o saber que se ocupa una posición especial, hace que no se mire igual el mundo. Los poderosos lo tienen chungo para entender lo que digo, sinceramente.

Todo esto no resta, ni mucho menos, disponibilidad. Ojalá pudiera hacer más de lo que hago. Empezando por la ciudad en la que vivo, por el entorno más cercano.

Hace unos llegué a una estupenda conclusión para mí, que seguiré al pie de la letra si puedo: Quiero ser el buen segundo de un buen primero. Otras opciones me parecen nefastas, tanto querer ser un falso primero de personas que son primeras, como ser buen segundo de malos primeros. La cuestión es que creo que los primeros, y esto sí es importante, los primeros en el mundo son los más pequeños. Esto no lo comprendemos, pero es así. Por eso hay segundos con dignidad.

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