¿Por qué sigo siendo demócrata?

Dentro de poco se escribirán libros con un título similar. Como ¿Por qué confío en la democracia? o ¿Por qué la democracia me parece un sistema de gobierno adecuado? o La democracia a debate… Cuando hay crisis institucional, sea del signo que sea, del talante que sea, se pide volver a los orígenes, retomar las fuentes. Se habla de esencias y sustancias. Y creo sinceramente que no es mal rumbo. Salvo por el tiempo y el esfuerzo que conlleva. Son tareas que parecen tontas, como de vagos, pero resultan agotadoras. Además, no sabes por dónde irá la mayoría.

A mi modo de ver, la democracia está verdaderamente amenazada. En primer lugar por la indiferencia de la gente, por la escasa participación social de sus propios ciudadanos, por el poco cuidado que se pone en los diálogos y en escuchar lo que realmente sucede. Creo que la democracia surgió como un elogio a la razón, en el tiempo en que comenzaba a desplegar su fuerza, y debe seguir siendo así. Estamos todavía en los tiempos de la razón.

Por otro lado, cada vez me parece un asunto más cercano a las creencias. Para ser demócrata hay que creer, frente a toda desesperanza y desaliento. Creer en los demás, creer en la fuerza de la cohesión, creer en la palabra, en el diálogo, en la aportación de cada uno. Creer que merece la pena vivir juntos, que unidos y cercanos, preocupados los unos por los otros se está mejor y se es mejor que por separado. Creer que la verdadera libertad se da en el encuentro, que la bondad reclama de cada individuo que sea persona íntegra, honesta, caritativa, generosa. Creer en la expresión de todos, estar dispuesto a escuchar a los demás. Creer que se puede salir de uno mismo, vencer las propias ideologías primero. Creer que la paz es posible entre dos personas, que la solidaridad es el mejor puente entre los pueblos. Creer que es mejor, infinitamente mejor, desgastarse hablando sin llegar a grandes acuerdos, que empuñar las armas para romper familias, destrozar países, arruinar aún más a los que menos tienen.

Lamento, en cualquier caso, la situación en la que estamos. Sobre todo la parte de desencanto social, el abandono de unos y la radicalización de otros. Esta semana he escuchado que la crisis no existe. Mejor dicho, que no existió. También he visto negar que estar surgiendo partidos con posturas extremas, que son incluso alabados social y mediáticamente, cuyas intenciones manifiestas están de lado de cumplir sus propios objetivos sin importarles ningún tipo de reglas o de leyes. Creo que no podemos vivir de la ilusión de quien dice que se transforma el mundo con un chasquido de dedos. Tampoco me parece que debamos ir por la senda de la violencia, de la agresión, de la despacificación.

Sigo siendo demócrata por varias razones, que estos días además intento cultivar y dejar a buen recaudo:

  1. Más que decir que “el poder está en el pueblo” (que es una expresión manida, muy manida), diría que el poder de las personas debe ser compartido y utilizado para el bien. Y que hay que gestionarlo de algún modo. No creo que la capacidad racional de las personas conduzca directamente al bien, ni que todo progreso haga mejores a las personas, ni siquiera que les dé la oportunidad y posibilidad de serlo.
  2. Porque creo que las personas son felices en la medida en que el bien triunfa, e infelices radicalmente en la medida en que el mal se hace presente. Y en esta lucha, que nadie puede afrontar solo, el valor de los demás es indiscutible. A mí los demás me han hecho mejores. Lo digo en general. Aunque también hayan sido causas de males. Lo mismo, espero, puedan decir de mí generalizando. Pero no tengo dudas respecto de la bondad del encuentro entre las personas.
  3. Vivir en sociedad es más que vivir junto a otras personas. Debe haber un sistema que nos una, relacione e impulse. Cada uno podemos llegar al nuestro por separado, e incluso considerar que sería lo mejor para todos. Pero lo cierto es que, mucho antes de que yo viniera al mundo, las personas han ido pactando y descubriendo que éste es de lo mejor que hay. Otras opciones, muy atractivas intelectualmente, no son consideradas por igual. Algunas incluso se han ensayado a lo largo de los siglos.
  4. Por opción personal, respecto del diálogo y la discusión sincera, abierta e inconformista. A mi entender es el único camino para encontrar la verdad. La actitud de quien quiere aprender.
  5. Porque hay asuntos comunes que afectan a todos, que constituyen el espacio y la dimensión pública de las personas. Está bien decir que somos seres en relación, pero se queda corto y flojo, como en el ámbito del encuentro particular entre dos personas. Y considero que es mucho más. Que existe el espacio público, amenazado ciertamente, donde las personas son en verdad personas completas, sin lo cual falta algo o mucho. (Llevo años repitiéndome esta misma canción, sobre asuntos comunes que afectan a todos. Pero cuando buscamos de qué hablamos no resulta tan fácil encontrarlos. Invito a hacer la prueba.)
  6. Creo que hay personas con verdadera vocación política de servicio, con cualidades para ello. Y cuyo servicio es admirable. Los referentes históricos los tengo claros. En el presente, también hay personas -nadie perfecto- de quien podría decir que busca más el bien común que cualquier bien personal y privado. A mí esto me parece admirable. También es verdad que hay personas buenas que no tienen dotes de gobierno, ni en las cosas más pequeñas, porque les comen. Hay personas mejores que yo para gobernar, por eso las voto.

Seguirá…

 

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