Decálogo poselectoral. Mi análisis sobre la situación política.

Cualquiera puede ser analista. Incluso yo. Siempre he deseado participar en un debate político en el que pudiera verdaderamente aprender y aportar lo poco que sé. Todavía no se ha dado la situación. Quizá más bien porque tengo poco que dar en comparación con lo mucho que tengo que aprender. Seguiremos leyendo y preguntando, incomodando si fuera necesario.

Por cierto, vuelvo a leer Meditaciones del Quijote. ¡Qué actualidad! Que sepáis que en 1914 ya se critica la mediocridad política española, siempre dividida en dos bandos. Volved a releer la fecha y comprobad que es mucho anterior a la guerra. Porque las divisiones provocan guerras, los enfrentamientos políticos provocan males de proporciones insólitas, que duran décadas en curar en el mejor de los casos.

Mis diez puntos centrales son los siguientes, sin ordenarlos de mayor a menor importancia, escritos a la limón.

  1. Hay políticos honestos que trabajan y buscan el bien común. Probablemente en todas las formaciones. Faltan personas de grandes miras, no sólo entre los políticos. No digo de “miradas realistas”, sino de grandes miras, de horizontes esperanzadores. Es decir, que he votado convencido y creyendo en la democracia, en las personas. Digo lo mismo respecto de la gente, hay personas buenas de conciencia recta. Quiero pensar que son la mayoría. En caso contrario la democracia no tendría ningún sentido.
  2. Cualquier partido o persona que socialmente haga autocrítica y reconozca sus errores, por mucho que lo deseemos, será aplastado y olvidado, critidado y despreciado hasta la saciedad. Mofado, bapuleado y arrinconado. El primero que empiece, si alguno lo hace, servirá de chivo espiatorio y cargará con las culpas de todo. Nadie quiere escuchar lo imperfecto, aunque todos comentamos errores. Un paso solo apto para héroes que no tengan miedo a quedarse solos.
  3. Pedimos a la política lo que no puede conseguir. Quisiera no parecer escéptico, ni decir que no sirve para nada. Se mezclan los discursos con los desahogos personales, con el cómo lo haría yo en mi casa. Sinceramente, no creo que haya político -en mi país al menos- que quiera que su país tenga un porcentaje semejante de parados o quiera llevarlo a la quiebra. A lo mejor me equivoco, pero la democracia en la que vivo no es igual que otros gobiernos del mundo que hacen del país su propio corral de comedias. ¿Qué cosas no puede conseguir la política directamente? ¡Muchas!
  4. Los grandes problemas de la política no son técnicos, sino morales y éticos. La política libra cada día batalla contra el mal. O debería. Si lucha rectamente y con valor, y pierde, nada hay que achacar. Pero en ocasiones es derrotada interiormente o se pone del lado del mal. Lo hemos visto incluso en las películas y no me parece una tontería. Ahora bien, creo que se combate la mayor parte de las veces. Me parece que este es el motivo por el que los tecnócratas no deben gobernar el mundo, lo cual no significa que lo deban hacer los ignorantes. Mejor que cambiemos los criterios de selección y elección, si interesa.
  5. A los ciudadanos nos falta reflexión sobre los asuntos que nos afectan a todos, y aprender a tratarlos de forma claramente pública. Dialogamos poco y mal, como niños de escuela. Además, no pretendemos llegar a conclusiones ni cedemos en nuestras posiciones de partida.  Para empezar, comenzaría por una lista de temas que son verdaderamente comunes, saliendo un poco de tanto mí-me-conmigo-mismo.
  6. Vivimos un “viernes político“. Llegamos agotados al ejercicio de la democracia, tomamos decisiones queriendo descansar y dormir la siesta, sentimos necesidad de renovación y alivio, de cambiar el ritmo para aminonar algunas marchas. Creo que late, cada vez con más intensidad en algunas lenguas recalentadas, que la democracia como la conocemos está herida. Cuando se habla de sistema y antisistema pondría sobre la palestra que el sistema que nos rige es la democracia. Anti-sistema es ser anti-demócrata. Curiosamente, todos esos grupos se proponen a sí mismos como salvadores del sistema, como impulsores de una renovación, como lo auténtico. Me parece que quieren ser dictadores, sin más, con pocos obstáculos y diálogos.
  7. Mi primera gran conclusión sería que el fútbol se come el tiempo de reflexión, tal y como sucedió el sábado. Fue como un paradigma revelador. ¡Qué coincidencia! Quien dice fútbol dice otras cosas. Como consecuencia, todo lo simplificamos aburridamente, le intentamos dar forma a nuestra manera.
  8. La abstención es enormemente preocupante, tan grande como preocupante. Por mucho que haya subido algo, es alarmante. Intento comprender por qué la gente no acude a las urnas. Se oye de todo. ¿Seguiría todo igual si se votase masivamente? ¿Qué ocurriría con ese amplísimo grupo que votaría sin pertenecer políticamente a ningún grupo concreto? Por otro lado, esta abstención me plantea algo más que desencanto. ¿Cómo va a aceptar una sociedad la mayoría en la que no participa? ¿A dónde quiere llevar con su indiferencia y despreocupación?
  9. El combate contra la cohesión en todos los sentidos da resultados. Muchos prefieren un gobierno débil, obligado a hacer pactos imposibles para cada ley y norma, que un gobierno que dé estabilidad social y política durante una legislatura. No es mi caso. El crecimiento vendrá con unas situaciones estables y capaces de decidir. Evidentemente no deseo algunos de los recortes y medias que se toman en estos momentos, y mucho menos injusticias o corrupción, que es donde se centran las críticas. La cohesión y la unidad me parecen de partida mejores que sus contrarios, a los que también respeto en la vida política. Pero todos tenemos claro que sería mejor que todos los políticos buscasen afanosamente el bien común, hicieran pactos para bien de todos y que estos acuerdos fueran estables en las materias principales, en lugar de cambiar. Es decir, que muchos no se aclaran. Porque quieren, según parece, muchos partidos que lleguen a acuerdos y vayan en la misma dirección, a la de una. ¿O quieren realmente hacerse ellos con todo el poder? No me queda claro.
  10. Las demagogias crecen. No hay ni una ni dos, sino muchas. Partidos y personas nobles se suman al juego, porque saben que da resultado y conquistan aplausos fáciles. Lo demagógico es aquello que el pueblo quiere oír para engañarse a sí mismo, las apariencias construidas para convencer sin interesarse por la verdad, las palabras fáciles que todos parecen comprender y que simplifican la complejidad del mundo en el que vivimos. Las demagogias siempre ha sido el enemigo de la democracia. Suscitan interés por lo vano y carente de importancia, impiden el progreso de los pueblos y de sus gentes, dejan en manos de unos pocos el gobierno y las decisiones de muchos. Por desgracia noto que se extiende.

Espero no perder amigos con lo dicho. Hay veces que las palabras nos traicionan.

 

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2 comentarios sobre “Decálogo poselectoral. Mi análisis sobre la situación política.

  1. Buenas, lo bueno que tiene la democracia es eso, que cada uno puede elegir que puede hacer. A muchos al igual que a ti no les gusta el resultado de estas elecciones, pero la realidad es que este sistema está obsoleto, volvimos al pasado, un pasado dónde se turnan los partidos al servicio de los que luego les dan más en su retiro político, a aquellos tiempos donde la corrupción es el día a día. Puede que a muchos no les guste esto y lo entiendo pero realmente lo débil de hoy puede ser lo fuerte de mañana. Las últimas políticas tomadas detrás de esta gran estafa llamada crisis dónde los partidos grandes han mentido y engañado, partidos que han disfrazado la verdad detrás de palabras bonitas mientras robaban y protegían a esos ladrones. El gran miedo mio y de oros tantos es que seguimos repitiendo la historia y la xenofobia vuelve a las calles europeas. No temo a la atomización del voto, temo al voto del odio. Hablas de los valores y te tengo que dar la razón, como cristianos que somos ambos sabemos que la gran mayoría no llevamos nuestras enseñanzas al día a día, yo he sentido en mis carnes como en mi grupo Cristiano mis compañeras mintieron sobre mi y tuve que abandonarlo y para una vez con el tiempo que volví solo a saludar sentí un rechazo de los que antes eran mis hermanos. Cuando escribí con la única intención de pasear por donde anteshabía dedicado toda mi vida solo encontré un incomodo recibimiento por lo que al final decline el hacer esa visita. Si nosotros que seguimos al más grande nos tratamos así entre nosotros como podemos juzgar al resto. La demagogia existe y siempre lo hará y yo mismo la práctico cuando hablo de amar al prójimo pero luego soy incapaz de llevarlo en todos los momentos de mi vida a la práctica. Ya ves pasan los años y nuca estaremos de acuerdo pero siempre es divertido leer tus puntos de vista
    Un abrazo fraterno

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