Los 4 principios básicos de la eficacia

1. Saber qué tienes que hacer. Esto que es tan evidente, a veces no funciona con tanta claridad. O no entiendes a tu jefe, o tu jefe no te entiende a ti, o tu jefe repite lo que ha oído sin saber de qué está hablando. O nadie sabe nada de nada. Ni siquiera por qué estás donde estás. ¡Comunicación clara y precisa! A mí, personalmente, no me hace falta saber mucho sobre no sé qué. Quiero saber qué tengo que hacer.

2. Poder hacerlo. Estar cualificado y ser competente en el asunto. Si alguien me pide algo y tengo que aprender a hacerlo, porque no conozco el programa, porque no sé los contenidos, porque mis habilidades son otras, hay que replantearse cosas. No sólo por tiempo, productividad. Es que mi sitio está en otro lugar y estoy ocupando el lugar de otro. En tiempos de crisis no conviene decir estas cosas. Hay mucha gente de la que prescindir. Y también muchos que están dispuestos a lo que sea por un puesto de trabajo. ¡No les falta razón! Al final das las gracias aunque no sepas y te pones las pilas por tu cuenta. A eso le llamaban ser autodidacta, ahora cursos y master online que sin recursos terminan siendo tutoriales de youtube. ¡Yo también lo he hecho!

3. Tener tiempo y recursos. Dos grandísimos problemas. Planificación y disponibilidad. El mito es que los alemanes son unos genios de lo primero. La realidad demuestra que un español puede hacer mucho con bien poco. A mejores recursos, en todos los sentidos, el tiempo debería reducirse sin perder calidad de trabajo y producto. Las tres variables entran en juego permanentemente. Además hay que añadir que el tiempo de una persona no es siempre el mismo, que un segundo o un minuto o una hora dependiendo de factores humanos (y somos personas, por eso nos han contratado aunque no aparezca claramente en el curriculum). Por cierto, la presión funciona esporádicamente y sólo esporádicamente. Está demostrado que lo mejor es que te guste lo que haces.

4. Querer terminar. Es decir, tener vida más allá del trabajo. ¡Esencial! A todo empresario, director, coordinador, jefe le debería importar este asunto y saber equilibrarlo. Sin vida no se trabaja. ¿Para qué? ¡No merece la pena! Tarde o temprano te preguntas esto y te das cuenta de que es lo más esencial.

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