La inmigración ilegal todo el mundo la conoce. Es la de los pobres que, de una u otra manera, asaltan fronteras dispuestas para frenar a unos y defender la situación de otros. Las imágenes arrancan de cualquier corazón, como mínimo, una palabra de tristeza, doliente.

La emigración ilegal la practican los ricos y los poderosos, hacia lugares fiscalmente protegidos, donde están mejor sus riquezas, protegidos sus intereses, con menos “cargas” y más libres. No son pocos los lugares que ofrecen facilidades para llegar. Su huida desconoce de las fronteras que otros deben afrontar. Pero eso es otro tema.

Reflexionaría sobre por qué unos conceptos e ideas están más presentes que otros en la sociedad “de costumbro”, entre los “habitantes de un país” del que han dejado de ser ciudadanos. Los medios tienen una responsabilidad muy grande en el asunto.

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