Tentaciones inútiles

No existen tentaciones tontas ni inútiles, de esas que ya tienes archiconocidas y crees que no tienen nada que hacer contigo. Más bien al contrario. La presencia y la sensación de que “con ciertas cosas” no puedes caer, que no te harán cambiar, que en ellas permanecerás fiel y serás coherente hasta el final, dejan entrar con la puerta bien abierta muchas otras más peligrosas. Sin ir más lejos, el orgullo, algo más que una tentación. Podríamos hacer un tratado sobre esto. Pero sencillamente es soberbia.

Aquel que mira a los niños diciéndose a sí mismo que él no es como ellos es sencillamente un… (no lo diré).

Deberíamos pedir perdón cada vez que decimos que nosotros “no somos como esos…”. Porque quién sabe lo que hay en cada corazón, cuando sabemos que el nuestro es tan misterioso, tan especialmente opaco en tantas ocasiones.

Sirva este post para mostrar que cuando creemos escapar de un sitio vamos directos a otro. Y que solo es posible hacer determinados caminos con enorme humildad. Desde que abandonamos la infancia estamos continuamente corriendo un gran peligro: el de creernos mayores, el de pensar que somos mejores que… e incluso buenos. Esto, ¿quién lo sabe?

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5 comentarios sobre “Tentaciones inútiles

  1. Esto me ha recordado a lo que dice la Biblia de ” Si alguno se cree seguro, cuidado no caiga”. O a lo que dice el refrán de: “No digas nunca de ese agua no beberé”.
    Saludos.

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