5 cosas que puedes hacer al terminar el trabajo

Tampoco el viernes fui el último en salir del trabajo. Cuando me iba, todavía quedaba alguien en la oficina. Y al salir por la puerta me encontré de frente con la persona -excelente, tierna y amable- que limpia todo lo limpiable. Para mí empezaba el fin de semana.

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Cuando termino mi jornada, sin faltar ningún día a mi costumbre, ordeno la mesa de trabajo. Coloco los cuadernos que uso para las notas en un lado, vigilo que no quede ningún papel o documento fuera de su funda o carpeta, pongo los auriculares en el cajón, dispongo bien la cajonera, junto el teclado al ordenador para que sea más fácil limpiar, y dejo la botella de agua en un lugar no peligroso. No me considero maniático, aunque después de escribir esto voy a replanteármelo. Creo que podría dejar de hacer algo de todo eso sin problema. Pero al día siguiente sé que voy a sentarme con mayor claridad a hacer lo que toque hacer. Por eso, y por quien venga detrás, considero que no hago nada extraño.

Esto aparentemente, pero hago más cosas. Costumbres que van dando sentido a lo que hago:

  1. Agradecer el trabajo. No hay día, sinceramente, que no lo haga. Aunque no todos los días lo vivo con la misma intensidad, no se me olvida. Más allá de las circunstancias sociales y laborales, disfruto el mundo de la educación, y todo tiene un sentido claro. Más allá de sentirme útil o creer que hago “bien” lo que hago, sé que soy un privilegiado en muchos aspectos. No por comparación, sino en “mí mismo”. Un privilegiado también en lo que respecta al desgaste diario del trabajo.
  2. Reviso si he cumplido objetivos del día o no, y por qué. Hay veces que los objetivos son desmesurados e inalcanzables, que no me organicé bien el trabajo o que sufrí interrupciones y mil cambios en la planificación. Otros, por otro lado, me he encontrado ágil, despierto, motivado, fresco, centrado y he avanzado más allá de lo que era en un primer momento mi objetivo y mi planificación. Alegran más los segundos, indiscutiblemente. Pero más allá de lo hecho o dejado de hacer es una gran oportunidad para conocerme a mí mismo.
  3. Miro a mis compañeros. Discretamente veo cómo están unos y otros, y me pregunto cómo están. La cara es el espejo del alma. Se nota el peso del día, de las horas que llevan y las que tienen por delante. He intuido en algunos que había planes que estaban esperando y que les hacían ilusión, y quién estaba satisfecho con lo que estaba haciendo. Las caras de aburrimiento no se pueden ocultar de ningún modo. Pienso que falta motivación para terminar la jornada, que se llega a ella como acabándose a sí mismo, como apagándose. Aunque ya sabemos que la transparencia es un don. Por mucho que mire a todos los que me da mi lugar para mirar, de alguno no sé absolutamente nada. Y viven horas y horas a escasos metros. ¡Lamentable situación!
  4. Cerrar, para descansar. Pase lo que pase, el objetivo es claro: no llevar trabajo a casa, dejarlo donde está. Tengo ese privilegio. Me puedo “llevar conmigo” algo para pensar, para darle una vuelta. Pero no es un trabajo de los que se vienen conmigo. Carezco de esa responsabilidad y lo agradezco. No siempre ha sido así. Veo a muchos que parece que son perseguidos por el trabajo dentro y fuera del trabajo, que no tienen tiempo para nada más. Esto, salvo que sea una pasión compartida y vivas solo, es una terrible injusticia. Primero con uno mismo. La vida es breve. E intuyo que, sin poder generalizar, quien no quiere vivir se justifica con lo mucho que tiene que hacer. Descansar, y lo sabe bien cualquier buen jefe y coordinador, es esencial para que un buen trabajo se realice. Te puedes dar una paliza hoy o durante una semana. No todos los días.
  5. Sonreír. Creo que la empresa debe agradecerme que salga de mi trabajo contento y sonriendo todos los días. Siempre despido a los compañeros que están. Sin levantar la voz para no romper la concentración, porque seguro que quieren terminar e irse. Y me entretengo dos minutos con la persona que limpia, con quien está en portería, con quien hace las labores de mantenimiento. Pero salgo sonriendo del edificio. Digo que la empresa debería agradecérmelo porque es una buena imagen. No pueden decir lo mismo todos los trabajadores de todas las empresas. Yo salgo sonriendo.

Seguro que tú también tienes tus manías. Escribir ayuda a descubrirlas.

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2 comentarios sobre “5 cosas que puedes hacer al terminar el trabajo

  1. Ha resultado interesante lo que planteas en entre estas 5 cosas. Algunas las cumplo, siempre (por ejemplo, sonreír, mirar a los demás), otras, algunas veces (revisar los objetivos) y algunas me resultan imposibles (al ser docente, una parte del trabajo se realiza en casa, en el tiempo libre). No sé si las considero como manías, me parecen más a los hábitos “saludables” que se adquieren con el paso del tiempo. Como siempre, tu blog me ayuda a pensar en algunas cuestiones.Saludos desde Argentina.

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    1. Gracias por tu comentario, saludable.
      Me encantaría trabajar en casa, si esto fuera necesario. Lo digo de corazón. He apuntado que es un privilegio actual, por mi trabajo concreto. Pero qué duda cabe que soñar en casa lo que vas a hacer al día siguiente, y dedicarle cuidado y esmero, es fundamental. Ánimo con tu labor.

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