Los que nos interrumpen en la vida

interrumpir-al-cieloSuele ser más frecuente mirar la vida como interrumpidos, porque es lo que verdaderamente molesta. Interruptores suena a dar la luz. Pero, ¿yo? Así de egocéntricos somos. Sin embargo, ¿por qué no ejercitar la mirada inversa, como interruptores? ¿No has interrumpido a nadie nunca? ¡Ni tú te lo crees! Para empezar todos venimos al mundo para incomodar el sueño de nuestros padres. Y a medida que crecemos nos volvemos más sutiles. Ya no son llantos, sin más. O hambre, o caca, o dolores, o falta de sueño, o cachondeo. Crecemos para interrumpir con mayor habilidad y por más motivos. Nos pasamos la vida interrumpiendo a los demás. En molestarnos, en el roce, surge el cariño, se ejercita la paciencia, se prueba el amor, si es que lo hay. Cuando no hay amor, ni paciencia ni cariño mejor no probar o hacerlo muy educadamente. ¡Cómo lo sabemos!

Tipología de molestadores:

  1. Los que nunca interrumpen. Comienzo haciendo un homenaje a las personas que nunca son impertinentes, o nunca lo parecen. Que los hay. Y no son pocos. No sé si es su arte, su tono de voz, su simpatía natural. Pero donde van, triunfan. Parece que nunca dicen una palabra de más, guardan la distancia de seguridad interpersonal y abrazan al mismo tiempo. Lo que dicen suena a consejo que hay que aceptar, porque no queda más remedio.
  2. Los que sufren por interrumpir a los demás. Esos que meditan antes de llamar a la puerta, que aguardan junto a la mesa hasta que te fijes en ellos y les preguntes qué quieren, que no levantan la mano para preguntar o decir lo que sienten que es importante.
  3. Los que consideran que lo suyo siempre es más importante. No diré ni una palabra más sobre estas personas, porque me enciendo. Cortan la conversación, interrumpen cuando quieren. No tuvieron un buen maestro que les parara los pies. O sus padres no supieron educarlo como convenía.
  4. Los que tienen una urgencia, que no desearían tener. Entonces te molestan, porque no les queda más remedio. Creo que estas personas no desearían estar donde están, ni ponerte en el compromiso de ayudarles. Aunque es un alivio saber que hay alguien de quien puedes echar mano en estos casos.
  5. Los que se ven superados por todo, en cualquier momento, y quieren refuerzo, confirmación, ayuda, estima y cariño en definitva. Los hay. Y en determinadas situaciones toda persona se siente de esta manera. Con cambiar de contexto, de trabajo, de relación, de país. Hay un tiempo en el que todo parece tan absolutamente nuevo que nos supera la falta de control que tenemos sobre la realidad, o esa es la sensación. Entonces pedimos y pedimos que nos refuercen y refuercen.
  6. Los que ni siquiera se dan cuenta de que interrumpen. Son los que se ponen a hablar en cualquier lugar creyendo que todo es suyo, o como si estuvieran solos. No sé si no tiene que ver con el anonimato de las grandes ciudades, y la cantidad de espacios que no son de nadie. Aunque tampoco convendría que estos hábitos invadan otros espacios que sí estaban definidos previamente.
  7. Los que hacen de las interrupciones la norma. Desconocen lo que significa el verbo estar centrado, concentrado. Entonces van y vienen. Como somos muchos, cada familia tiene alguien así entre sus filas. No es que sea multitarea, es que su labor es incomodar a los demás.

 

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