20 propuestas para celebrar el #DiaDelLibro al día siguiente

A lo mejor tienes un libro nuevo, que no tenías ayer. Un libro, más o demás. Para mí eso es bueno, siempre. Si te lo han regalado, y han acertado, mejor incluso. Ganas por partida triple: porque ahorras, porque han pensado en ti y porque alguien te conoce. Lo máximo, más allá de lo cual no se puede pensar nada más, es que el libro se convierta para ti en una referencia esencial e indiscutible; por así decir, que te transforme incrustándose en ti. Soy un romántico, lo sé.

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  1. La primera propuesta, comenzar a leerlo. Para los que somos multilectura, con muchos libros empezados de los cuales no sabemos cuáles seremos capaces de terminar, esto no supone ningún problema. Otros, quizá mejores lectores, son más ordenados y concienzudos.
  2. Para esos lectores más ordenados y sistemáticos, lo mejor será dejar el libro en su lugar. Y si no lo tiene, ahí va: ordenar los libros pendientes, amontonarlos o reservarles un lugar visible que moleste e incomode. Me encantan, dicho sea de paso, las montañas de libros en las mesillas de noche.
  3. Escribir en la última hoja quién te lo regaló, cuándo y por qué crees que es para ti. Al terminar el libro tendrás oportunidad de resaborear que fue un regalo de alguien, quizá por algo. ¿Habrá acertado?
  4. Hacer una foto del libro y compartirlo. A ser posible, para quien sea más artístico, en un paraje particular, o con quien te lo haya regalado. Por lo que se ve, los selfies son una enfermedad, o tienen algo de ello ahora que están tan de moda. Quizá la enfermdad sea la moda, ahora que lo pienso. En cualquier caso, una buena foto. Que corra por la red. Otros, que habrán leído lo mismo que tú tienes ahora entre las manos podrán verlo. Comenzará un diálogo.
  5. Encontrar una frase especial en el libro. Es decir, ojearlo. Leerlo sin sentido, al modo como Cortázar parece escribir. Saltar de un sitio a otro, poéticamente. Yo la subrayaría. Y puede que también le hiciera una foto para subirla a Twitter. Así la gente pensaría que leo más de lo que leo realmente.
  6. Componer una frase. Se ma ha ocurrido ahora mismo. Pensar una frase, escribirla en un papel. Y comenzar por orden a subrayar las palabras que necesito en el libro que me acaban de regalar. La idea es buenísima. Que llame la atención, que se componga sola, que cualquiera que abra el libro pueda leerla. Le pega ser una frase de amor, de libertad, de confianza. O una confidencia.
  7. Regalar otro. Que la generosidad no pare. Porque parece que lo único imparable, a lo que sí tenemos derecho, es a compensar el mal que sufrimos. Pero del bien nunca decimos nada. Ojalá se contagie. Al día siguiente de que te regalen un libro, regalar a su vez otro. A alguien que no se lo espere, para redoblar la gratuidad del regalo. Aunque, dicho sea de paso, cuidado con crear celos en la empresa o en el trabajo, o en la familia. La gratuidad se entiende menos que la maldad.
  8. Si entra un libro, debe salir otro. Seguir compartiendo aquello que tenemos, que quizá esté parado en las estanterías. Hoy haré lo propio, si todo va bien. Y daré ejemplo gracias a la iniciativa de Santi. A ver qué ocurre.
  9. Escribir qué esperas de él, qué te gustaría encontrar. Por qué lo compraste, por qué ahora es tuyo. Qué te enseñará, o qué te pedirá. Escribir las preguntas que te hace el libro antes de leer las respuestas que están en el fondo.
  10. Dibujar en la primera página algo. Lo que sea. Que rompa la monotonía de las letras. Aunque sea un garabato, como el que me regaló ayer mi ahijado y que quiero poner en la nevera de mi casa. O, a ser posible, algo más representativo, más relevante, más significativo. Si es un sol, que sea un sol radicante e ilumine. Si es una luna, que sea romática. Si es un coche, porque siento que quiero evadirme e irme lejos, que tenga fuego a sus espaldas.
  11. Forrarlo con un papel, por ejemplo de regalo, que engrandezca y singularice el libro. Si te lo han dado, parece que no tiene mucho sentido volver a forrarlo. Pero solo parece. Por el forro también se reconoce lo que hay dentro. Entre la apariencia y la realidad hay un muro por maldad, no por la bondad del mundo ni del hombre. Si fuésemos buenos, por fuera se reflejaría la belleza, el origen, la seña de procedencia, serviría de recuerdo, iría más allá de sí.
  12. Buscar una música apropiada. Algunos libros ya vienen con ella incorporada, o con alguna referencia. Hace poco leí un artículo sugerente, en el que aparecía indicada una sinfonía, de duración más o menos similar a su extensión. Fue un disfrute enorme. Dicho sea de paso, el artículo era sobre arte. Una combinación magnífica.
  13. Comprar un cuaderno, coger un blog, guardar un folio dentro del libro. Tengo la fea costumbre unamuniana de escribir en los libros. No en todos, cuido los prestados.  Necesito escribir, por falta de memoria, porque las lecturas me sugieren, porque una cosa me lleva a otra con facilidad. Pero sobre todo para no olvidar.
  14. Leer un cuento a un niño. No tiene mucho que ver con el tema del post. Y al mismo tiempo, sí. Las generaciones siguientes deben ser involucradas en la lectura.
  15. Apagar la televisión y leer. Destinar nuevos momentos a la lectura. Un libro es un reclamo para ordenar la existencia de otra manera. Leer y escuchar se parecen mucho. Leer y centrar la atención se dan la mano. Y la televisión, y otras cosas, vienen a distraernos. La distracción es buena, mientras esté ordenada y supeditada. Pero, ¿por qué no apagar más todo aquello que nos dice cómo es el mundo en lugar de descubrirlo?
  16. Salir de casa con el libro nuevo. Nunca se sabe. Soy de los que siempre van con libros entre manos. No falta en mi compañía, vaya donde vaya. Algún día he estado tentado incluso de coger uno para ir por ahí de “fiesta”. La experiencia me dice que hay “fiestas” que son muy aburridas, en contraste con determinados libros que sostienen su humor de principio a fin.
  17. Determinarse a grabar un pequeño vídeo con aquello que nos haya encantado. Si sucede. Sólo una vez en mi vida he hecho esto. Escogí mal la lectura, dicho sea de paso. No se puede empezar a esto leyendo metafísica en la red. Aunque sea muy importante, no suena bien. A ser posible, algo más musical.
  18. Leer pensando a quién le irá mejor, a quién se lo podrás regalar cuando lo termines. No el mismo, claro. Porque los regalos no se regalan, según parece. Pero quizá sí regalar lo que has descubierto, aprendido o te has llevado. O regalar una sonrisa con su humor. No sé, hay muchas formas. Sé creativo.
  19. Empezar descubriendo al autor. No lo hacemos, porque parece que la “cosa”, que es el libro, se impone a quien está detrás de él, “el escritor”. Dedicó horas y horas, y lo hizo por algo. Cuando se conoce su trasfondo se lee también de otra manera. Más interesada, más honda. Me gustó saber que Alice Munro supo que su vocación era la literatura cuando terminó un cuento y no le gustó el final. No contenta con lo habitual, que es criticarlo o quejarse, se puso manos a la obra y puso la guinda al pastel. Era una niña pequeña dando vueltas en su casa, pensando qué quedaría mejor, qué sorprendería más a otros.
  20. Querer vivir mejor. Con más pasión, y la lectura apasiona, engancha. En lo cotidiano se echa en falta entusiasmo, disfrute, placer, libertad para superarse a sí mismo. Leer con pasión, no de cualquier manera. A eso le llamo, también en la lectura, querer vivir mejor, en relación al bien. Desear, leyendo a Sócrates por ejemplo, ser bueno, dialogar, filosofar sea donde sea, sea con quien sea. No renunciar a las preguntas de nuestra propia vida. Contagiarse de la autenticidad de quien, valientemente, pudo escribir lo que pensaba, lo que quería sin conformarse con la masa, sin parecerse en exceso a otros. Original hasta el extremo, vivir en Originalilandia, apostando por lo distinto.
  21. Por honestidad, añado uno más. Devolver lo que no es nuestro. Devolver el libro que nos prestaron y que está olvidado en nuestra estantería, que pasa el tiempo y no entregamos a su dueño. Hoy puede ser un buen día. También será un regalo.

Si algo te ha gustado, felicidades. Si no, lo siento. En cualquier caso, espero que nos encontremos leyendo. Leerse, en nuestro tiempo, es encontrarse. O empezar a hacerlo.

Me gusta de esta fiesta del Libro que se celebra en lo más cotidiano. Madrugando, trabajando, descansando en casa con quien más nos quiere, acordándonos de los amigos que tienen libros nuestros y de aquellos que también supieron regalar.

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