Conozco una persona que ha leído 10.000 libros

Érase una vez… Ya tenía ganas de compartir alguna historieta de estas. A mí me hacen soñar.

Dedicado a aquello, que no recuerdo, que me obligó a pensar y escribir libremente por primera vez en mi vida. Su fuerza, que desconozco, perdura.

Conozco a una persona que hoy ha leído su libro diez mil. Sí, ha leído diez mil libros. Como imagináis tiene una inmensa biblioteca ordenada. Una habitación entera dedicada a esta pasión. Y, en ella, junto a cada libro hay un pequeño cuaderno. Exactamente a la derecha de cada libro. Un cuaderno de tapas cuidadas y bonitas. Cualquier persona que vaya a la biblioteca pensará que también son libros. Creerá que hay veinte mil libros. Salvo por el tamaño uniforme de los cuadernos, que hace sospechar. Todos los cuadernos son de proporciones idénticas. No así los libros, cada uno encuadernado de una manera, con un canto diverso, con colores o imágenes, con tamaños variables. Al lado de un libro pequeño, de treinta páginas, hay un cuaderno. Y al lado de un libro enorme, con mil páginas, otro cuaderno semejante. El conjunto de la biblioteca resulta espectacular. Cada dos años, según parece, tiene que cambiar el diseño de las estanterías y su distribución para que quepan más y más libros, más y más cuadernos.

En el centro de la biblioteca hay una mesa enorme con una silla, justo debajo de la lámpara de araña que gobierna toda la estancia. Ya no hay ventanas, porque las estanterías ocupan todas las paredes. A cada lado de la mesa hay dos sillones antiguos que parecen comodísimos, cada cual de un color diferente. En ellos se sienta David para leer sus muchos libros. Elige cada día uno y nunca repite. Solo va a la mesa, con su silla, cuando quiere escribir en sus cuadernos. La mesa aparece sola frente a los cuatro elegantes sillones. Parece una habitación imperial.

David no tenía ningún libro preferido. Y los había leído todos. Él mismo los elegía. No aceptaba ningún libro regalado de nadie. Cuando terminaba uno, buscaba otro. Y así cada día de su octogenaria existencia. Iba sumando y, sin darse cuenta y casi sin querer, ha llegado a diez mil libros con sus diez mil cuadernos.

Podía dejar algún libro prestado, que exigía que le devolvieran lo antes posible, pero jamás de los jamases permitió que otra persona abriera, leyera y muchos menos escribiera en sus cuadernos. Eran un completo enigma. ¿Qué había en ellos? Y así siguió siendo durante años y años. Ni a su mujer, ni a sus hijos e hijas, ni a sus nietos y nietas, ni a sus amigos, compañeros y colegas. Nadie los leyó jamás. Hasta el día en el que llegó a los diez mil.

Ese día junto a su familia. Se sentaron como pudieron. Algunos en los sillones, otros directamente en la alfombra, otros en el suelo apoyando la espalda en la estantería. Y escucharon a su anciano abuelo decir: Cuando leo libros pienso en personas. Por eso tengo mi cuaderno siempre cerca cuando leo. Pongo el título en la primera página y en la segunda y tercera escribo desordenadamente los nombres de aquellos que recuerdo. A cada uno le dedico una de las páginas posteriores. Me pregunté, siempre que leía mis cuentos, cómo podía mejorar las historias de las personas que tenía a mi alrededor. Y esta es la historia de cada cuaderno: Quise mejorar el mundo con mis historias, cambiando lo que en cada cuento estaba mal y redactando nuevos finales. En esta biblioteca tenéis escrito todo aquello que hice por cada uno de vosotros y por muchos más. Espero que disfrutéis como yo lo he hecho. 

Leyeron y leyeron. Pero no resultó fácil encontrar el nombre de cada uno en aquel lugar. Todos, además, se repetían en varios cuentos. Lo que su marido, padre, suegro o abuelo fue haciendo con el paso de los años cada vez les parecía de lo más normal y muy poco extraordinario. Un día calmó a dos amigos que discutían, y otro hizo lo propio entre los hermanos que se pelearon por sus juguetes. Otro día dejó que le cuidasen porque estaba enfermo y muchos otros tuvo que despertarse por la noche para atender a los suyos. En el trabajo había hecho lo que tenía que hacer, pensando en los demás, dando prioridad a las personas. Solo cuando se iban de la biblioteca comprendían su inmensidad. Encima de la puerta se leía una tabla grabada en la que ponía: El mundo es distinto cuando estás. Y al cerrar las puertas de aquel lugar, viendo lo grande que era, cada uno decía: Vamos a mejorarlo.

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4 comentarios sobre “Conozco una persona que ha leído 10.000 libros

  1. Es similar a la impresión que tienes al leer un libro, de que le gustaría y, en algunos casos también, le ayudaría a alguien en particular. Leer pensado en la gente que te rodea, es una manera de no desligarte del mundo.

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  2. Hola, al final no entendí si era real o no la historia. Si es real o no, pues siempre termina siendo fascinante. A mi me encantan los libros, pero nunca he sacado la cuenta de cuántos he leído en mi vida. Sin embargo, pensar en leer y que eso le sirva a alguien en concreto es plantearselo de otra manera, sin duda algo por aplicarme para mi. Gracias por esta entrada. Saludos!

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