Sobre medios y fines

Me repito. Hace unos días vine a escribir lo mismo. Me repito para reiterar y reafirmarme.

Sigo pensando, y lo pienso casi diariamente, que existen demasiados medios para pocos fines. Que en el mejor de los casos, al educación se reduce inexplicablemente a enseñar cosas y cosas sobre esos medios, que son más cosas y cosas, sin interrogar ni interrogarse sobre los fines. Es decir, perdimos el ideal, dejamos que se escapa, nos cautivó la torpe abundancia, quedamos atrapados en las cosas. Ya lo cantó, a su manera, Agustín de Hipona. Y con él muchos otros, que han hecho suyas sus palabras.

  1. Los medios han cosificado, por otro lado, los fines. Los han envuelto en su mismo reino y se comparan en dignidad y cualidad con ellos. Lo cual le parece, a cualquier filósofo principiante, algo poco adecuado. Como mínimo.
  2. Tenemos y tenemos, nos llegan propuestas de más y más. Y nos vemos obligados a elegir y despejar. Algunas veces sólo por quitarnos cosas de encima y poder respirar tranquilamente.
  3. ¿Dónde están los objetivos a largo plazo, los objetivos últimos de la vida? Está bien pensar de aquí para mañana, para la próxima semana, con vistas a un año o a diez. Pero dónde están los objetivos últimos, para los cuales todo esto no son más que peldaños.
  4. Nos hablan de cosas que nos hacen felices, de ser felices en este momento. Nos reiteran listas de derechos, incluso al delirio y al juego, a ser como niños. Pero qué supone ser persona, ser feliz, ser bueno. De verdad, sin muchas literaturas. Enfrentándose a lo que no es ser persona, porque tiene que existir algo así, a lo que es la infelicidad y el mal.
  5. Cuando hablamos de final, dónde miramos, qué sentimos. ¿No se sobrecoge el alma al quedarse tan inválido, viendo que quizá debe aprender a utilizar todo cuanto está a su disposición? ¿No entra un cierto escalofrío al reconocer que hay que pararse y preguntarse dónde vamos, en lugar de coger un medio -de transporte, siempre de transporte- para ir de un lugar a otro?

La cuestión más radical es, independientemente de nuestra conciencia y nuestro reconocimiento, que seguimos moviéndonos, que vamos hacia algún lugar aunque ahora pensemos en nada o no sepamos leerlo, que toda acción humana es intencional -y por tanto direccional-, que o nos movemos nosotros o nos mueve la masa, el pensamiento único, lo indeterminado. La cuestión más radical es que la razón, esa falcultad hermosa que nos hace presente el mundo, también sigue preguntándose y dando sentido, que lo que se hace se hace siempre por algo.

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