Lo que no te perdonarán es que lo hayas hecho bien

Yo más bien creo en la radicalidad del mal, que viene siempre a través de una cosa casi tan banal como el miedo a no ser igual que los demás, el miedo a marcar una diferencia que me resulta siempre incómoda, el miedo a que sea verdad esta máxima, no literal, de La Rochefoucalud: “lo que no te perdonarán, es lo que hayas hecho bien”. Eso es terrible. (Miguel García-Baró, “Amar la vida”, entrevista)

Si tuviera que subrayar algo del texto que he citado, sería el título de este post. La alarmante y escandalosa sentencia según la cual no existe retribución justa para quien obra bien, y que, por lo tanto, puede esperar que le sucedan cosas malas y peores todavía a pesar de obrar bien, intentar ser justo. Obrar bien, dicho de otro modo, no es escapatoria para no enfrentarse al mal. Es más, pienso que en ocasiones quien obra mal tiene menos posibilidades de sufrir el mal en carne propia. Será, sin embargo, causa de mal para otros. Y, además, se estará perjudicando a sí mismo.

Provoca escalofríos. Porque la mayor parte de personas reconocerán en esta frase la mayor justificación a su sufrimiento. Se estarán preguntado: ¿Por qué yo? En lugar de eso, hay que plantearse cuántas veces aquel que obró bien fue tratado injustamente por mí. ¡Escalofriante!

¿No existe posibilidad de perdón, de reconciliación? ¿No hay lugar para el arrepentimiento, el retroceso, la súplica?

El párrafo sigue. Yo me había quedado ahí en una primera lectura. Pero lo siguiente sigue siendo espectacular.

Claro que el mal tiene un aspecto banal. Claro que es una cosa que todo el mundo hace, pero ¿cuál es su raíz? La raíz es que no nos atrevemos a vivir con libertad, con entusiasmo. Hay que amar la vida con pasión, reconociendo qué adoramos e intentando pasar más allá de eso, o adorándolo tan en serio que al final descubramos que no nos servía, que lo que queríamos era adorar algo que había todavía más allá: después de después, como decía Unamuno. Pero, claro, cada hombre que nace tiene que repetir esta tremenda historia, no hay manera de ahorrársela a nadie. ¿Cómo podemos hacer que pedagógicamente estemos un poco más asegurados de los males del pasado para el futuro? Es infinitamente difícil. (Miguel García-Baró, “Amar la vida”, entrevista)

Con estos dos párrafos hay camino abierto a la reflexión para unos cuantos días. Sobre todo si cambiamos de perspectiva. Si los leemos como nuestra justificación y mayor defensa, en dos segundos estará todo hecho. A la inversa, sin alejarnos del mal que conocemos en primera persona, el camino abierto al arrepentimiento puede ser eterno.

Coincido plenamente con ambos párrafos. ¿Quién, con cierta edad y estando despierto, no se había dado cuenta de que no hay escapatoria al mal, y sólo cabe responder amando la vida o desesperando de ella? Una y otra respuesta llevan a lugares abiertamente diferentes.

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