Cuando está todo cubierto, nadie piensa

Cuando todo está cubierto, cuando todas las necesidades parecen satifechas, nadie piensa. No se piensa en nada. Si acaso, se dan vueltas a las cosas. Se revuelven, además con relativa frecuencia, las cosas de los demás. Pensar, filosofar, reflexionar, meditar no es la actividad cómoda de los burgueses desinteresados y cansados de la vida, que escapan del mundo intentando buscar algo de aventura y satisfacción. Pensar, filosofar, reflexionar, meditar lo hacen las personas que caminan, que sienten, que paceden, que se ven apretadas por la vida.

No es fácil reconocer, incluso en la propia experiencia, que ese meditar con profundidad llega con cierta presión y angustia. Y suele despertar, por desgracia, más presión y más angustia, más incomodidad. Es compañero fiel de camino, que no promete gustos a la ligera, ni placeres inmediatos. Si algo tiene que llegar, llegará como fruto, siempre posterior.

Pensar se vuelve urgente precisamente cuando no está todo solucionado. Cuando nos encontramos y enfrentamos al mal, al sufrimiento, a la muerte. Es lo único que, durante un tiempo, una vez nos hemos dado cuenta y hecho conscientes plenamente, nos va a interesar. Nada más. El resto será secundario. Y no pensaremos ni buscaremos solución a la manera como nos enseñaron en la escuela, creyendo que existe una respuesta correcta que hay que buscar. Buscamos creando respuestas, enfrentándonos a ellas, confiando, si se puede decir así, en ellas y viviéndolas. Nos entregamos “necesariamente” a la búsqueda, nada ingenua, nada apacible. Desde ese momento, y por eso creo que no hay meditación apacible ni tranquila, todo será puesto entre interrogantes, entre paréntesis. Y seguiremos, sin embargo, viviendo aunque no quisiéramos ir tan rápido. Y nos daremos cuenta de que no queda más remedio. Que no hay paz para quien vive, que no hay paz cierta para quien medita, para quien descubre, para quien está prendido de luz por dentro.

Lo siento. Pero me niego a pensar que esto pueda ser cierto.

¡Qué lejos está todo esto de vivir sentado en una biblioteca sin nada más que hacer! ¡Qué lejos de quien vive como si el mundo fuera apacible, estuviera todo cubierto!

Por cierto, que quien dice que “tiene todo cubierto” es aquel que no se siente hermano de nadie en este mundo. O, al menos, no ha descubierto siquiera que está unido a toda la humanidad siendo algo más que parte de ella. A una humanidad que sufre a diario, que muere a diario, que grita para ser escuchada por los que “tienen todo resuelto”.

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