Caminos siempre nuevos hacia la felicidad

Nada es tan sencillo como suele presentarse. Ni siquiera las críticas contra las grandes propuestas sobre la felicidad. Hay personas que se pasan todo el día criticando, buscando fallos. Ciertamente los hay. Aunque también hay que señalar aciertos detrás de cada palabra sobre la felicidad.

Yo tengo mis preferencias. No estoy diciendo con esto que el asunto sea “relativo a cada persona”. Esas apuestas van en parte van con mi carácter, con mi historia, con las necesidades actuales, y en parte también me han ido modelando. Lo de siempre, esa circularidad que en ocasiones parece encerrar todo, en la que no se distingue principio y final. Mis padres también tenían sus preferencias, como tienen también inclinación las personas que son cercanas.

Sin duda, en mi situación, una fuerte dosis de estoicismo me ayuda enormemente, como nunca me ha ayudado. También un prudente escepticismo que me inmuniza contra la gradilocuencia de quienes no han probado la esencia de la vida. Y, cómo no, el epicureismo defensor de los placeres cotidianos, de la salud del alma, del flujo cotidiano de la existencia y de la vida, del disfrute de las relaciones elegidas, del atrevimiento y la valentía de quien sigue experimentando sin conformarse, de quien sabe que lo de ayer no sirve absolutamente para hoy. En mi interior me sostiene, por otro lado, la grandeza de Aristóteles y Kant. Sin que mis pensamientos puedan apartarse de la esperanza de Sócrates, de su eterna lucha contra el mal de la desesperación y de la ignorancia. Aunque pueda parecer, no creo que este párrafo signifique que todo vale, que todo es relativo. En asboluto pienso así. Nada más serio que la vida, ni búsqueda más ardua que la de la felicidad. Lo que sí pienso que refleja es que el asunto es más complejo de lo que algunos creen. No vale disfrutar, sin más, de una vida sencilla y tranquila; y nunca he pensado que ser rico me hará feliz.

No hay secreto, que yo sepa. Ni receta de las fáciles. Conzoco algunas frases muy interesantes, que te hacen aparentemente pensar en algo. También sé, y tengo cerca, algunas personas que se esfuerzan por ser felices, que considero que lo son -dentro de los límites de lo humano-, que practican esa felicidad con otros, que la contagian, si es que se puede. Y muchas que dicen que buscan sin buscar, y otras que se compromenten con sus propias palabras. ¡Tantas personas! ¡Tan variadas! ¡Tantos mundos!

Yo diría, en cualquier caso, que deberíamos probar con seriedad alguno de sus caminos. El de la simplicidad, por ejemplo, en los tiempos de las cosas y de la acumulación. El de la esperanza, contra toda esperanza si fuera necesario. El de la gratitud, que nos impida hacer nuestro lo que sólo es recibido. El de la amistad verdadera, sin aceptar ni todo, ni cualquier cosa, ni un compromiso mediocre por nuestra parte. El del asombro y la belleza, el que se maravilla con el mundo, el de la inocencia frente al retorcimiento resabiado de la experiencia anquilosante. El de la alegría, la diversión, la fiesta, la anormalidad, la ruptura con la rutina, el alejamiento de lo extraordinario normalizado. El camino de la jerarquía clara y del orden, con claras prioridades, con sinceras preferencias frente al caos, la improvisación y lo que salga. El de la paciencia y la aceptación, que consolidan el trecho ya realizado con la esperanza de lo que vendrá y con la posibilidad de salir del lugar en el que nos encontramos. El de la mirada humana y el que se deja ver con rostro personal, vulnerable, tierno, débil. Recuperar humanidad. El buen humor, el buen carácter, el buen trato, la buena cercanía.

Y creo que todo se resume en eso. En nuestra humanidad perdida, confundida en tantas cosas y mundos, y poco hallada, disfrutada, saboreada.

No nos creemos, pienso yo, que podemos ser felices. No creemos que fuimos un día niños, y que es difícil dejar de serlo. No nos creemos que somos personas, nada más y  nada menos, que tratan con otras personas que también quieren, desean y anhelan ser felices. No creemos que la felicidad también requiere compromiso y fe. No creemos que es un regalo que, cuando lo tenemos entre las manos, no sabemos muy bien de dónde nos ha venido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s