Historias del engreimiento humano

Según el diccionario de la RAE, engreído es aquel que está demasiado convencido de su valer. Es decir, que vale. Quizá valga mucho. Quizá sea mejor que muchos otros de sus semejantes para hacer algo. El problema no es su valer, ni siquiera valer. Sino que se lo tiene creído, que está demasiado convencido de ello. ¡Genial!

Prestemos atención al acento de esta palabra y al peligro del engreimiento. Los griegos tenían miedo a la hybris. Nosotros diríamos hoy orgullo en el sentido bajo y molesto de la palabra. Del orgullo dice la Biblia que es el gran pecado. También traduciríamos en ocasiones por soberbia. La mirada sobre sí mismo desmedida, no propia de hombres sino de dioses, es su condena. Quien está poseído por la hybris será incapaz de conocerse y amarse tal y como es. Convive consigo mismo y, sin embargo, se ignora, vive en un espejismo cegador y aparente.

Yo me pregunto por dónde se cuela esta vieja pasión en el corazón humano. Por qué rendija se adentra, y se hace fuerte interiormente, si comenzamos siendo meramente niños, pequeños y débiles personas necesitadas siempre de los demás, carentes y anhelantes.

Por eso escribir algunas historias. Aunque no aprendemos jamás en piel ajena.

  1. Uno respondió un día bien al ejercicio, después de ver cómo uno de sus compañeros se equivocó. Empezó a sentirse mejor que él, más valioso.
  2. Sus padres le tenían tanto cariño que le hicieron pensar que había nacido para ser el número uno, el mejor de todos.
  3. Los demás destacaban en él sus cualidades, le elogiaban y le exaltaron. Se convirtió en líder. En su grupo había que pagar el precio inconsciente de alabarle.
  4. En un corro indeseable, sentados en un banco, se inició la burla y la mofa del ausente. Se dijeron verdades sin amor. Y esa carencia excluyó de toda relación sana al que no pudo dar explicación de su debilidad.
  5. Heredó de otros lo que nunca se ganó y le obligaron a ignorar otros mundos a fuerza de construir sus relaciones con otros herederos igualmente irresponsables que él.
  6. Nunca emigró de sí mismo. Nació, creció y murió en sus trincheras personales, mirando por encima del hombro al resto de la humanidad, siempre lejana.
  7. Le dijeron que sentiría compasión y ayudaría a los demás, y se confió en lo que le decían. Dejó todo y quiso ser su salvador.
  8. No quiso nunca aprender de un maestro, se limitó a consumir las páginas que le servían en el escritorio.
  9. Deseó en algún momento buscar, pero el miedo a verse desnudo y pobre le llevó a tapar su vergüenza con la primera ideología que se puso a tiro en su camino.
  10. Corrigieron la desviación de columna que le inclinaba al prójimo con un aparatoso instrumento con el que siemrpe miraba hacia adelante.
  11. Nunca conoció la paz, ni supo darse descanso. Para él no existían compañeros con quienes colaborar, sólo enemigos a quienes pisar y nuevas batallas competitivas en las que participar.
  12. Su sonrisa y sus carcajadas tenían siempre por objeto las debilidades de los demás. Y nunca supo cómo reírse de sí mismo.
  13. Convirtió su vida en una fiesta de máscaras, y sin darse cuenta se vistió de hipocresía.

Y tantas otras.

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