El mal no es ni el dolor ni el sufrimiento. El mal es un problema mucho mayor que se cierte sobre los corazones, sobre las personas, sobre las sociedades. Su objetivo es destruirlas del modo que sea. Unas veces con sufrimiento y desesperación. Otras, de forma más apacible, a través de la comodidad, del conformismo, de la indiferencia. Existe un gran mal en la mirada y en la inteligencia que se da cuenta de algunas cosas y quiere pasar página como si no existieran, o que mira hacia otro lado sin compasión, o que olvida fácilmente a quien conoció como si ya nada tuvieran que ver, o que se siente lejana a cualquier ser humano, o que se distrae y pierde la vida en batallas absurdas.

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