La maldad no respeta ni a los buenos. Nunca lo hizo. Y por el hecho de ser bueno nadie está -desgraciadamente- libre de que se puedan aprovechar o reír de él. Incluso llegar a malinterpretar lo que hace, lo que dice, cómo lo hace y cómo lo dice. O lo que dijo, en pasado pretérito, o lo que hizo, más lejos aún. Da igual. Así de penoso es el mundo en el que vivimos.

Es una forma más de intentar desesperar y hacer que los buenos abandonen la bondad.

Cuando los buenos dejan de pensar en la bondad y se ponen a hacer cálculos sobre el qué dirán… fácilmente dejarán de ser buenos. Si no lo hacen es que son muy buenos. Mucho, mucho, mucho.

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