Del amor al agradecimiento

La primera gran experiencia de amor que tenemos todos, sin dejarme a nadie, es la de ser amados. Quizá entonces traducimos en cuidado, cercanía, seguridad aquello que mueve al otro y no nos damos cuenta ni de su pasión ni de su incondicionalidad. Quizá sólo cuando empezamos a experimentar la gratuidad con la que nos mueve a nosotros mismos hacia afuera, sin muchos pensamientos ni cálculos, seamos capaces de dar la vuelta a nuestra existencia y mirar a quien nos amó primero. Pero siempre fuimos amados primero, lo supiéramos o no, siempre nos regalaron la vida antes de formular ninguna pregunta sin petición alguna.

¿Será destino del hombre llegar siempre tarde, como de segundas, a la vida, al amor, al agradecimiento?

Tiene también su encanto.

  1. De segundas llegamos a la sabiduría, cuando nos decimos a nosotros mismos, con voz curiosa: ¡Era esto lo que decían mis padres! Sólo así reconocemos abiertamente que otros llegaron antes, que nos dijeron lo que nos dijeron porque les importamos y querían hacernos mejores. Pero tuvimos que pasar por otros lares, disfrutar y arriesgar en otros viajes, hasta que cansados de todo muchas veces giramos hacia lo único importante.
  2. También tarde nos damos cuenta de lo esencial, al reconocer la importancia de lo que siempre hemos disfrutado sin darle en verdad su importancia radical. Como nos ocurre con las madres, con la familia, con la salud, con la normalidad, con el amor. Cerramos entonces los ojos, agachamos la cabeza. ¡Hemos jugado despistadamente con tesoros de valor incalculable! ¡Se podrían haber ido, los podríamos haber perdido!
  3. De primeras no comprendemos por qué nos sucede lo que nos sucede. De segundas no siempre lo conseguimos. Pero en la distancia van tejiéndose algunas relaciones impensables en otros tiempos. Las vivimos, nos constituyen y nos explican a nosotros mismos. Sólo en un segundo viaje, a través de la memoria propia y ajena, lo conservado y lo olvidado, todo se mostrando en unidad y concordia, también con gritos que exigen reconciliación y paz.
  4. Necesitamos preguntarnos también por nosotros mismos con cierta seriedad cuando han pasado muchos años de estrecha convivencia. En el mejor de los casos aprovechamos la treintena para iniciar esta búsqueda, en la que, ahora sí, queremos escuchar lo que otros tienen que decir seriamente sobre nosotros mismos. Pedimos ayuda, sin ser suficiente. Siempre de segundas, en el mejor de los casos. Incluso para preguntarnos dónde vamos hemos necesitado perdernos. Parece que hasta entonces pensábamos, ingenua e irreflexivamente, que lo que hacíamos no nos llevaba a ningún sitio, sólo nos mantenía donde estábamos sin inercia, sin coacción.
  5. En barba ajena, por otro lado, nos cuesta aprender algo valioso. Solo aquel que se conmueve, capaz de misericordia. Solo aquel que empatiza o siente admiración. Y, sin embargo, como poniéndonos en segundo lugar imitamos la vida y las modas de otros, sus formas, sus sonrisas, sus gustos incluso. Queremos, muy torpemente, vivir la propia vida en vidas ajenas convirtiéndonos en vendedores de nuestras aspiraciones y tiempos. Y, de segundas después de un tiempo, tomamos en consideración aquella llamada a ser nosotros mismos, a vivir a nuestro modo, según nuestras maneras.
  6. Y muy seriamente, sin marcha atrás, sentimos la irreversibilidad del tiempo y de las acciones, la imposibilidad de borrarlas, nuestras limitaciones a medida que nos construimos. Nos preguntamos, de todo corazón entonces, qué hacemos en medio del mundo, qué hemos aportado, qué dejamos tras nosotros.
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2 comentarios sobre “Del amor al agradecimiento

  1. Gracias por el post…
    del amor al agradecimiento… y añado yo que el amor es un canto al agradecimiento y el agradecimiento es un canto al amor… cada uno desde su historia personal va entendiendo que para encontrar lo esencial es importante apoyarse en la sabiduría, saber leer en el acontecer diario, volver a preguntarnos quiénes somos y encontrarte con personas que te ayudan a responder y a redescubrirte como persona.
    Y cuando vives en tus propias carnes situaciones que te llevan a vivir desde la vulnerabilidad, aprendes a empalizar, a compadecerte, a desaprender para volver a aprender… toda una lección de vida… de nuevo, gracias!

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