Decir lo que pienso

O sinceridad para todos, o para ninguno.

Porque no entiendo a quienes dicen lo que piensan a los demás y no se atreven a ser francos y sinceros consigo mismos. Empezar en la escuela del conocimiento propio nos hace humildes, débiles, conocer el valor de las palabras, empáticos. La escuela del conocimiento propio, empezando por el cuidado de nosotros mismos, procurando ser mejores, mucho antes que querer mejorar el mundo a martillazos, palabrazos… En esta escuela aprendemos también el valor de ser escuchados, buscamos el lugar y el modo de decir las cosas con cuidado. Y ponemos las cosas en su sitio. Andar investigando y rascando no siempre  es lo mejor. En ocasiones hace mucho daño, demasiado daño.

¡Cuánto cuesta ser sinceros con uno mismo! ¡Qué barato soltar palabras al viento sobre los demás, hacer daño tan gratuitamente!

¿Qué es lo que ocurre cuando intentamos decirnos la verdad a nosotros mismos, antes de hablar con cualquier otra persona, reservándonos con prudencia sin hablar de otros?

  1. Aparecen resistencias y protecciones.
  2. Surgen las apariencias y la falta de claridad. Andamos despistados.
  3. No nos gusta todo lo que vemos. Nos cuesta creer que sea así.
  4. Somos reinos de contradicción, de trigo y de cizaña.
  5. Nos daña, nos desmonta, nos quiebra.
  6. Experimentamos un cierto desahogo, pero se abre un gran camino, nuevo camino ante nosotros.
  7. Necesitamos confirmación, buscamos alguien que pueda verlo, saberlo, comprenderlo.
  8. Esta verdad no nos parece nunca la definitiva. Hay algo más, siempre. Que nos mueve.
  9. Lo valoramos en su conjunto, en el mejor de los casos. Queremos salir del fango y lo enfangamos todo.
  10. Nos hacemos muchas preguntas.

Si todo esto, aunque solo sea la resistencia y la lentitud con la que procedemos por cuidado y cariño, la ejerciéramos con los demás al ritmo que nos exigimos a nosotros mismos, todo sería más bello en el mundo, con mayor bondad, con más libertad. Sin duda alguna, hay un primer amor que nos lleva aceptarnos y un segundo amor que nos salva de lo que aparece ante nuestros ojos creyendo que no es lo último que podemos ser. Si esos dos amores también los viviésemos de forma natural o con el esfuerzo de la recta conciencia para los otros, el mundo sería como mínimo más dialogante. Le tendríamos menos miedo a la verdad. El mundo sería más sincero. Pero siempre hay un pero, y un sabio que explica antes de tiempo lo que los demás son sin conocerse a sí mismo, haciendo atribuciones libres sin el dolor y la ternura necesaria.

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2 comentarios sobre “Decir lo que pienso

  1. Muy buena entrada Josefer! Muy real. El detalle es primero querer conocernos a nosotros mismos para poder parar en esa debacle que es la critica rápida hacia los demás. ¡Qué tema y qué llamado a la reflexión! Gracias,

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