Envasados en píldoras pequeñas y asequibles

Convertimos los libros en párrafos que poder publicar a su vez en la red. Los párrafos en breves frases que quepan en el hueco de los 140 caracteres. Las ideas, que ya superan la media de la extensión considerada prudente, se anotan en nuevos papeles digitales de usar y tirar. Todo ello aderezado, en la medida de lo posible, por una imagen atractiva que comulgue con lo que se pretende decir.

Y la cuestión importante no es, a mi entender, la cantidad de letras. Sino todo aquello de calidad que se va al pulir y podar de semejante manera el pensamiento. Se pierde, por ejemplo, la visión de conjunto, la sensación de obra que empieza y termina, con su pretexto y sus conclusiones. Queremos llegar con excesiva velocidad a las tres o cuatro… a cantidades. Se nos va igualmente el esfuerzo, el sacrificio que pueda suponer leer, entender, comprender por uno mismo al otro con sus palabras, con sus formas, con sus maneras. Comprender requiere esfuerzo. Y en los libros se va aprendiendo poco a poco lo que puede suponer en la vida real estar con alguien y su misterio.

Junto a lo anterior, nuestras síntesis quiere simplificar y hacer tan atractivas las cosas que, con sus recortes invisibles, se llevan elementos de suyo interesantes. Son ya una interpretación que selecciona y sesga, por tanto ideas segundas. Y sesgando oculta y pone de relieve. ¡Mucho peligro hay en eso!

¿Podríamos llamar literatura slogan a esta nueva forma de escribir, plegada desde el inicio a ser un fenómeno efímero y pasajero?

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