No todos tenemos la misma dignidad

Me niego a pensar que todas las personas sean iguales. Me parece claremente contrario a la sana razón, a lo que veo, a lo que siento y a lo experimento a diario, a lo que pienso, a lo que puedo descubrir. Porque me parece mucho más interesante y verdadero decir que todos somos únicos, lo cual implica que no somos iguales cortando por lo sano, ni siquiera en dignidad. Y eso me lleva a pensar que no todos tenemos, de ningún modo, la misma dignidad. Y que esto, a su vez, no supone menosprecio alguno, ni actitud racista de ninguna forma.

Por dignidad entiendo el lugar que una persona ocupa dentro de la sociedad. Y también entiendo un problema gravísimo: en nuestra sociedad no todas las personas son tratadas en tanto que personas, sino más bien como cosas, como objetos. Se les roba, efectivamente, su dignidad básica sobre la que deben construirse como cada una es. Se impide de este modo que vivan y ejercer como lo que son con su propia y única originalidad, se reduce su ser y esencia, su vida misma. Esta reducción no tiene por qué ir etiquetada con un precio, objetivada en modo extremo con un número. La masa, la equiparación de todos en un mismo y único grupo, el trato no humano y personal es siempre una cosificación; y por tanto, una reducción de la persona y su dignidad, la fata de respeto máxima y más escandalosa.

En ocasiones algunos defienden la dignidad de las personas como si fuera un máximo. Yo lo comprendo como un mínimo a partir del cual desarrollarse y crecer, sin el cual nada realmente se puede hacer, y que no puede ser compensado de otra manera, y mucho menos aún, sustituido o falseado. O tratamos como personas, nos tratamos con semejante respeto y devoción, con temor y temblor, o mejor no seguir hablando porque todo será mentira.

A la vez que digo que cada cual tiene una dignidad, un lugar, también diría que nadie puede ser tratado con una dignidad inferior a ser persona. Haga lo que haga, haya hecho lo que haya hecho. Y esto debe ser garantizado por encima de mí mismo, por la sociedad en la que vivo y de la que quiero formar parte. Y debe ser así a pesar de cualquier contingencia, contexto, suceso. Las personas, bajo ningún concepto, pueden ser tratadas de un modo distinto a como trataríamos a las personas. Con un trato por tanto claramente distinto a como estamos delante de una cosa, un objetivo, otra realidad del mundo en el que vivo y que encuentro. Sea lo que sea, insisto. Esté haciendo lo que esté haciendo. Pase lo que pase siempre será persona, reconocida por tanto como tal.

Pero no todas las personas son iguales. Algunas, en mi mundo al igual que en el mundo que compartimos, son tratadas con una especial dignidad. Y esto es signo de verdadero progreso, de humanidad real y comprometida, de sociedad desarrollada. Por ejemplo, tratar de forma particularmente digna, como otorgando mayor reconocimiento, a quienes sufren o están en una situación de mayor debilidad. Y de esta manera garantizar que los pequeños, los pobres, los enfernos son especialmente considerados y protegidos por todos. Así lo hemos acordado socialmente. De modo que, al entrar un mayor o una embarazada en un vagón de metro o tren repleto, deberíamos hacer hueco para ellos al instante.

En nuestro mundo ocurre lo mismo. No todos los autores de libros, por seguir con los ejemplos, tienen el mismo lugar en la biblioteca. Simbólicamente hablando. Están aquellos de los que realmente me fiaría en lo importante, que he creído y que he gustado, que me pueden guiar en el camino de la sabiduría, y aquellos que… están ahí y poco más, o que más que aportar algo verdaderamente importante sólo han empujado hacia la desesperación y la confusión. De igual manera, sintiéndolo mucho, en el mundo encuentro aquellos de los que sí me fiaría y de los que no me fiaría, a los que creo y a los que me cuesta incluso escuchar con apertura y sin desaliento. Por decirlo de algún modo, hay quienes han hecho méritos y quienes, sintiéndolo mucho, perdieron toda credibilidad.

En resumen, en frases breves. No todos son iguales. Luego no todos pueden tener la misma dignidad. Toda persona debe ser tratada como persona, como un mínimo elemental y básico. Luego la dignidad personal no es un máximo sino un mínimo, que tristemente no hemos alcanzado ni socialmente ni personalmente; un mínimo que debemos aceptar y creer, que es un misterio a partir del cual seguir construyendo.

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5 comentarios sobre “No todos tenemos la misma dignidad

  1. Lo primero que hice fue ir , y buscar el significado de dignidad, lo primero que me encontré fue , la wikipedia, que tal vez no sea el mejor medio de información, hablaban que tiene que ver con valor….$ .jaja, voluntad, libre albedrio y racionalidad, y puffff. y puag, para mi más tiene que ver con mateo 22:39, y con algo que nunca salio nombrado en el texto de wikipedia, love, love……

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  2. Estimado Josefer:
    Doy aquí una respuesta más amplia y razonada a mis breves tuits de ayer. No es sencillo expresar a golpe de 140 caracteres ideas que tienen cierta complejidad y cuyas consecuencias son relevantes. Afirmar que “no todos tenemos la misma dignidad” no es una afirmación que se pueda asumir sin más (de hecho, yo no la asumo porque no la comparto, justamente pienso lo contrario (“todos los hombres tenemos igual dignidad”). Creo que se ha generado un equívoco porque hablamos desde planos del conocimiento distintos. Yo hablo desde el plano filosófico-ontológico, de lo que somos todos los hombres. Tú hablas desde un plano descriptivo y desde una consideración subjetiva y externa de los hombres.
    Entre las consecuencias de tu afirmación está que si no todos tenemos la misma dignidad, ¿Cuál sería el fundamento del reconocimiento de la igualdad, de los derechos humanos, iguales para todos los hombres, y del trato que todos merecemos? Las consecuencias de tu planteamiendo serían que cada uno tiene distinta dignidad puede ser tratado de una manera distinta y sin un respeto debido e incondicional a todo hombre. En cuestiones de bioética, constantemente, encuentro afirmaciones similares que llevan a justificar la eliminación, p. ej. de fetos con discapacidad, personas en coma, o similares. Lo que afirmamos sobre el hombre, o sobre los hombres en general, es importante y no se puede hacer a la ligera. Por eso, aunque entiendo el fondo de tu artículo, y creo además que estamos sustancialmente de acuerdo en cómo comportarnos ante todos los hombres, y en particular ante los más vulnerables, me gustaría mostrar porqué algunas de tus afirmaciones podrían generar equívoco y confusión.

    1. El modo en el que entiendes la dignidad, “el lugar que un hombre ocupa en la sociedad”, es susceptible de muchas críticas. Es una afirmación genérica, vaga y sin un contenido real. ¿Qué lugar ocupa el hombre? En qué sentido hablas, desde qué plano. ¿Quién decide el lugar que ocupa un embrión o un feto? ¿Qué lugar ocupan, distinto del tuyo y del mío?
    2. Como te decía ayer brevemente, el tema de la dignidad humana ha sido tratado por numerosos filósofos a lo largo de la historia. Se puede hablar de la dignidad en muchos sentidos y planos. Yo distinguiría con Kant (entre otros), en tres planos en el modo de ver la dignidad:
    a) dignidad ontológica, entendida como el valor intrínseco de todo ser humano, aquello que no varía, inherente al ser mismo del hombre. Reconocido, no otorgado, valor inconmensurable e inviolable.
    b) Otro sentido de la dignidad sería la dignidad moral, la que depende de nuestras obras, que sí es variable. Es decir, siendo siempre una persona digna ontológicamente, con un valor intrínseco e incalculable (aunque los otros no me lo reconozcan, lo tengo, porque pertenece a mi ser hombre), puede realizar acciones inmorales, por debajo del umbral que corresponde a su dignidad humana (matar, robar, violar). Puedo ser indigno moralmente siendo digno ontológicamente.
    c) Y un tercer sentido de la dignidad sería la dignidad adquirida, es decir, en cuanto libertad o calidad de vida (que es el sentido más común). Es típico escuhar, su vida no tiene calidad de vida, no tiene dignidad.
    Yo creo que tú infravaloras la dignidad ontológica, la que tenemos todos, y solo consideras otros aspectos o modos de entender la dignidad. Mi dignidad ontológica no depende del lugar que yo tenga en el universo, la tengo siempre y en todo lugar por igual, al igual que el resto de los hombres.

    3. Si por contrario afirmo que “no todos tenemos igual dignidad”, te pregunto: ¿y quién dice cuáles son los estándares de dignidad para merecer vivir? ¿El estado, la ciencia, libremente cada uno, tú o yo? Imagínate si eliminamos dicho valor, fundamento de la igualdad ontológica (además de biológica), enchufaríamos la máquina de las discriminaciones, como ya está sucediendo. Se nieva el valor del ser humano, se niega la dignidad. De hecho, en la bioética actual se dice que no tiene sentido hablar de dignidad porque cada uno le da un significado, incluso para defender unas ideas u otras. Claro, si eliminamos ese valor originario, ontológico, la dignidad pierde su sentido y queda en manos de la pura arbitrariedad de una decisión. La famosa expresión de los médicos nazis ante recién nacidos discapacitados: “vidas no dignas de ser vividas” se produce justamente ante una cosideración descriptiva de la dignidad, y no originaria y ontológica.

    4. Y como sé, intuyo, que más o menos pensamos de la misma manera, creo que afirmar que no todos tenemos igual dignidad, eliminar esa dignidad ontológica, originaria (y que en última instancia y en plano teológico tiene una fundamentación teológica, “a imagen y semejanza”) es un error. Creo que hay que sostener por contrario que todos tenemos igual dignidad (valor intrínseco), aunque no todos seamos exactamente iguales, en características accidentales, no esenciales. Es obvio que yo soy distinta de tí, pero mi vida y tu vida tienen el mismo valor. Justamente porque reconozco igual valor a todas las vidas humanas tutelo la de aquellos que no pueden hacerlo por sí mismos. ¿Si en cambio digo como tú que no todas las vidas valen igual, por qué debería ayudar a los más vulnerables?

    Disculpa si son muchas las ideas y quizás un poco desordenadas pero no puedo revisar y pulir el texto, tengo muchas otras tareas académicas que realizar. Espero que hayan servido de algo.
    Gracias por tu atención, siento que el comentario sea tan largo.
    Saludos cordiales,
    Elena Postigo
    Dra en Bioética

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    1. En modo alguno digo cosas como las que pones en mis labios, o en mis consecuencias. Es más, me prevengo de ellas y apuntalo bien que, tras la palabra dignidad, existe un mínimo expresado comúnmente, que sólo es el mínimo a partir del cual la persona, en su libertad, tiene la capacidad de decidir, dirigir y concretar.

      Pero me preocupa mucho que no hayas leído bien lo que he escrito. Y quieras sacar consecuencias que nada tienen que ver con lo que he dicho y he querido decir.

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