No quiero cambiar el mundo, sino mejorarlo

¡Qué grandes lecciones nos dan las palabras cuando las combinamos de otra manera!

He oído muchas veces aquello de “cambiar el mundo”. Personas que quieren cambiar el mundo porque no les gusta lo que hay. Personas que no se dan cuenta de que el mundo, con ellos o sin ellos, está en continuo movimiento y cambio. Mi mundo, en el que vivimos juntos tú y yo, no se parece en poco al mundo en el que vivieron, sufrieron, crecieron, lucharon, amaron y pensaron mis abuelos. Se parece también poco al de mis padres. Es exageradamente distinto el mundo en el que enseño y me preocupo por la educación del mundo en el que yo tenía que aprender en libros y enciclopedias de bibliotecas en las que buscábamos pacientemente palabras, nombres y acontecimientos. El mundo, inevitablemente, está en movimiento.

En más de una ocasión he pensado que lo mejor que le puede pasar al mundo es estancarse y permanecer en algo. Dejarnos pensar pacientemente. Sin tantos saltos, sin tantos viajes y virajes, sin tantas historias que van y vienen, sin tantos inventores creativos de bombas mediáticas y de deseos. Ojalá nos dejase contemplarlo y verlo con reposo. Pero es imposible. Él prosigue su ritmo, a modo de inercia que viene de acontecimientos pretéritos y cercanos, continúa su movimiento girando y absorviendo todo. Pase lo que pase parece seguir adelante. No frena, no descansa, no se cansa, no contempla. El mundo no mira ni atiende, no puede prestar atención ni tener miramientos con nadie ni nada.

No quiero cambiar el mundo, en ese sentido. Para cambiar y cambiar se basta a sí mismo. Y a nuestro pesar. Lo que desearía sería mejorarlo. Moverlo, ciertamente, pero en dirección al bien, a lo bueno. Alejarlo del mal si no sé o no puedo hacer otra cosa. El mal sí que lo conocemos. El mal de la ignorancia, de la pobreza, del sufrimiento de los inocentes, de toda forma de violencia, de toda discriminación e injusticia. De los grandes males sí que deseamos alejarnos. ¡Por lo menos eso -piensan algunos- nos puede unir!

Yo quisiera mejorarlo. Lo digo de corazón. Hacerme mejor persona, poder vivir así en un mundo mejor. Acercarme al bien sin perder la mirada al mal que tan descaradamente se hace presente en el mundo, en mi vida, en la historia propia y ajena. Al bien que conozco, al bien que he podido conocer en alguna de sus formas, al bien que me ha hecho pensar y soñar en el bien perfecto. Al amor, por ejemplo, que a su vez aparece de muchas maneras; sea la amistad sincera y comprometida, sea el amor original de la pareja, sea el de la familia. A la justicia, pero no a la que castiga y condena, sino a la que en verdad hace justas a las personas. Esa justicia que se encarna en las personas que te hacen ser mejor, más reflexivo, más responsable, más comprometido.  Existen personas así, y quisiera ser como una de ellas. De las que trata con cordialidad, de las que siempre tienen tiempo, de las que saben escuchar y prestan atención a la persona por encima de todo, de las que viven rectamente y con sentido, de las que se hacen cargo de sí mismas y tienen, además, fuerzas para cargar con otros, de las que no tienen miedo de pedir ayuda, de las que saben y saborean alegremente el mundo, de las que se quejan cuando deben y escuchan las quejas de otros, de las que son consecuentes y coherentes, de las que saben pedir perdón y no se autoproclaman como perfectas.

Mejorar el mundo, aproximarlo al bien a la manera que yo entiendo que puede hacerse, pasa por mejorarse a uno mismo primeramente y al mundo más cercano posible. No puede ser de otro modo, ni con grandes frases aplaudidas por masas y retuiteadas, ni con propuestas de salvación venidas de no sabemos qué lugar, ni de qué manera verdaderamente moverá el mundo. Al modo como yo lo pienso, cuando hablamos, el mundo puede cambiar hacia casi cualquier lugar y casi de cualquier manera. Y lo que unos piensan que es bien, y se esfuerzan por luchar en ello dando su vida, termina siendo un modo de opresión y de injusticia.

El bien no puede ser, bajo ningún concepto, confundido con mi propio bien. El bien es bien de todos.

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