Cuando las preguntas no son para otros, sino para mí mismo

He seguido este fin de semana, gracias a unos cuantos tuiteros, un Congreso sobre jóvenes en el que se esforzaban por subrayar una y otra vez que no se trata tanto de “hacer cosas para” cuanto “vivir con ellos”. Y de forma recurrente ha aparecido el asunto de saber formular preguntas, de cuestionar y de inquietar, siempre previo a responder, a aclarar, a acompañar.

El problema que tengo con las grandes preguntas es que son mías. No son para otros. Si busco que otros se pregunten es porque yo no tengo la respuesta total y definitiva, porque ando en camino y buscando. Mi problema con estas preguntas es que no consigo deshacerme de ellas, ni al escribirlas, ni al profundizarlas, ni al querer responderlas. Es más, veo que se van respondiendo, a mi pesar incluso, con obras y acciones. Mi gran problema con las preguntas es que no son teóricas, sino prácticas y veo que inundan y desbordan ampliamente mi vida. Por eso, insisto, porque me superan, a la vez me siento necesitado de otros.

Y, sintiéndolo mucho, no creo que haya preguntas para jóvenes y para adultos. Es más, algunos adultos se ríen insolentemente de la insidiosa e incisiva capacidad de los jóvenes para poner en cuestión todo aquello que ellos han ido asentado lentamente a base de pequeños y parciales pasos en su propia vida. Los que toman por adolescente la pregunta por el amor, en cualquiera de sus muchas formas, se ridiculizan a sí mismos y no quieren ver demasiado en qué medida están viviéndolo. Llaman despreciativamente ilusos e ignorantes a los jóvenes de múltiples maneras con su tosca y anquilosada comodidad, con su frágil existencia. Esa pregunta, que se abre en el corazón del joven, tiene el poder irrefrenable de mover y dar sentido a toda una vida en búsqueda y caminando, que choca radicalmente, eso sí, con la parálisis y el inmovilismo de los que creen que han dado un paso adelante en su realismo.

No necesitamos hacer muchas preguntas, sino escuchar las que ya tienen y seguir abriendo campo, en lugar de cerrarlo. Del amor llegarán fácilmente a preguntarse por qué están en el mundo, y para qué. Si es que están o no por algo y para algo. Si el mundo tiene sentido, a pesar del sufrimiento. Y cómo ellos tienen responsabilidad en ello. Y cómo es el otro, incluso Dios. No si existe el prójimo o no, porque eso es cosa de académicos y entendidos. Ni siquiera quién es. Porque lo saben. La pregunta es qué hago con él, cómo vivimos juntos. Qué hago conmigo mismo. Y, de igual manera, quién es Dios, cómo es, cómo actúa, cómo vivir también con Él y por qué me cambia todo haberlo descubierto.

De verdad, que no hay preguntas hondas que sean para otros. Que jugar a preguntar, más que a despertar, puede ser otra forma más de lo de siempre. Porque preguntar, al modo como estamos acostumbrados, es ofrecer muchas respuestas, dirigir vidas, orientar mundos.

La fuerza de las preguntas se manifiesta cuando son de uno, y cuando uno se atreve a preguntarlas en alto a la escucha de alguien que pueda poner algo de luz y de sentido. No demasiado rápido, ni directo, ni con el realismo despreciante y burlesco. Necesitamos dialogar, pero no todos valen. Ni siquiera los que hablan de esta forma. Necesitamos encontrar caminos, y no valen exactamente los que otros han vivido. La pregunta rompe, y hay que asumirlo, la realidad tal y como estamos acontumbrados a verla, pensarla, sentirla, experimentarla. Por eso sigue teniendo vigencia el rato que se pasa cualquiera, con dos dedos de frente, dedicado a observar su propio día interrogando por quién es en verdad y qué está viviendo y haciendo con la vida, y a quién quiere si es que quiere a alguien, y cómo quiere, y dónde está el bien y la verdad, y qué ocurre en el mundo, y cómo acercarse al dolor y al sufrimiento, y cómo salvarse y si puede salvar a otros, y si puede hacer bien a alguien.

Mis preguntas hoy siguen siendo mis preguntas, siendo compartidas, aunque tenga mis respuestas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s