Salir de “lo de siempre”

Lo de siempre” tiene una fuerza frutal. Inercia, costumbre, hábito. Orejeras vitales, railes insalvables, paredes opresoras. Sabemos que existe algo más, que habitualmente no podemos gustar, no porque no queramos, sino porque no podemos. “Lo de siempre” está constituido estructuralmente por ideas, interpretaciones, personas, rutinas, respuestas estereotipadas, mundos constituidos. Y también por elementos que me dan seguridad y apuntalan lo que hay, escudos que nos protegen por miedo a lo que pueda suceder, una historia construida que nos da credibilidad y relevancia. “Lo de siempre”, de por sí, no lo juzgaría ni como bueno ni como malo.

Salir de lo siempre supone un reto nada desdeñable. Algunos se conforman con pedir toda su vida que se produzcan cambios alrededor sin implicarse en ellos. Se quejan mucho, y hablan, pero no hacen nada. Cuando toca dar un paso se echan atrás porque se quejan de otras cosas o dicen que no les convence lo que sucede. Eternos insatisfechos de los que conviene alejarse para no marchitarse ni perder vigor y pasión. Otros, por el contrario, cambian y cambian y cambian. Responden a la misma incómoda insatisfacción, pero la solucionan de otra manera. Estos marean continuamente la realidad y a las personas. El único fruto que producen viene a ser la desolación y la confusión a su alrededor.

Creo que una forma maravillosa de entender, y vivir realmente la libertad,  responde a lo contrario de lo que se piensa en los cafés modernos. Que la libertad, humanamente comprendida en su infinitud y su pretensión de servicio al hombre, tiene mucho más que ver con la limitación y la debilidad, que con la amplitud y la vagedad de los horizontes a los que nadie se puede atar en lo concreto. Ahora bien, debe ser una esclavitud de algún modo querida y nunca terminada. Es en esta situación, a mi entender, cuando “salir de lo de siempre” deja de ser una mera petición y pataleta, y pasa a ser un requerimiento verdaderamente hondo y es necesario atender. Lo normal será siempre la estabilidad y la conservación de lo que hemos gustado como bueno y como bien, como verdadero y como verdad.

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