Jugando al escondite

Leo un artículo hoy que empezó interesándome -por eso lo cogí-, continuó suponiendo un esfuerzo ímprobo -por la terminología rara, puede que específica que utilizaba- y terminó haciéndome pensar, como suele suceder cuando le has dedidado tiempo a algo. Me niego a salir con las manos vacías de la reflexión que otra persona ha hecho, a la que dedicó más tiempo en escribirla que yo en leerla, subrayarla y anotarla. De todo lo que trataba, me quedo con el asunto del anonimato que se vive en las sociedades modernas. E invito a pensar en ello, haciéndolo especialmente extensible a internet y las redes sociales.

Por darle la vuelta, que a mí es lo que realmente me gusta, pensaría la cuestión al revés. No creo que sea sólo que las grandes ciudades hayan convertido en anónimas las vidas de la gente, sino que éstas además gustan, de algún modo, de jugar al escondite y ocultarse en las grandes ciudades.

  1. Jugando al escondite descubrimos lo difícil que resulta esconderse absolutamente. ¿Quién no se ha encontrado con un conocido en el metro? ¡Qué ilusión provoca la mano amiga en medio de la masa! Ahí nos damos cuenta, y tomamos conciencia, de hasta qué punto estamos hechos para el encuentro cara a cara, para reconocer y ser conocidos al mismo tiempo.
  2. Cuando nos sentimos como extraños en medio de otros estamos afirmando que existe una distancia importante, que no debe ser traspasada ni violada, entre dos personas. Esa distancia que nos constituye, a ambos, como personas en medio del mundo capaces de hablar y de entrablar trato libremente. Esa extrañeza y distancia es la máxima fundamental de todo encuentro en el que no reducimos al otro en una reproducción de mí mismo. Causa interés ver la diversidad y multitud, tan original y dispar, del amplio mundo de lo humano.
  3. Para mí esta situación es la condición de posibilidad para transformar el mundo desde lo cotidiano. De algún modo, salir a la calle y ver, resulta imprescindible para entrar en casa y ser, para ir al trabajo y ser, para entrar en el mundo con una misión y no de cualquier modo. La acción política y pública, en el mejor sentido de la palabra, está precedida por este mundo en el que las personas se mueven de muchas maneras, pero hacen poco o lo de siempre. Así se puede proponer algo que tenga impacto, sea visible, sea significativo.
  4. Gracias a todo esto, podemos ir contracorriente. Ser sólidos en tiempos líquidos, ser personas en lugar de masas. Y que conste que lo de ir contracorriente por ir contracorriente me parece una somera estupidez.

Y más, supongo. Pero ahora no tengo más tiempo.

 

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