Orientar hacia un objetivo

Iba a comenzar el post diciendo que todos caminamos hacia un objetivo en la vida. Pero me retracto antes de que alguien proteste. Porque no es necesariamente uno, y pueden ser muchos. O porque hay quienes no saben siquiera hacia donde caminan. Lo que es inevitable es caminar, sepas o no, y actuar, te lleve donde te lleve. Y toda acción porta dentro de sí la lógica de una dirección y sentido, inserta en un camino y con miras a oriente o poniente, a la luz o a la oscuridad.

Cuando en clase le planteaba a mis alumnos que las acciones nos movían, que nos movíamos en función de aquello que actuábamos en ella, se planteaban muchas dudas. Visto además en contexto, como concretando y particularizando aquí o allí, se hacía mucha luz. Descubríamos que somos más que sujetos, y vivimos en unas circunstancias que nos hacen, que nos pueden, que nos manejan en muchos momentos y ante las que no podemos hacer nada. Aquí, hablando del hombre concreto de carne y hueso, no vale tampoco idealizar ni generalizar. Cierto es que nos movemos, pero andar comparando es complicado. Lo que a unos les empeora, porque les aleja del bien al que podrían aspirar, para otros resulta una quimera todavía lejana, promesa indefinida. Lo que para algunos está como delante, como a un paso y dentro de sus posibilidades, para otros resulta enteramente obsoleto y lejano. Sería, poniendo una metáfora, como plantearse que vivimos escalonadamente. Porque es así. O subimos y bajamos. Y lo que para unos es subir, quizá no lo sea para todos.

Dentro del caminar, además, debemos contemplar la necesidad de orientar todo hacia nuestro objetivo. O se convertirá en fuente de resistencia, de obstáculo, de contradicción. Aquí es donde hoy quería llegar. A la necesidad de iluminar los pequeños detalles para considerar que realmente estamos orientados a un objetivo. Por ejemplo, orientar el tiempo que dedicamos a las cosas y a las personas; orientar las fuerzas de las que disponemos, que no son universales; orientar las inquietudes, incluso los deseos que se puedan moldear; orientar, por supuesto, los sentidos, cada uno de ellos; orientar la mirada, la escucha, la atención, la memoria; orientar la pasión, la energía, la entrega, las reservas; orientar también el descanso, el reposo, el lugar donde recibimos de nuevo vida, donde nos conectamos; orientar las personas que pasan, en según qué ámbitos, a según qué cosas de nuestra propia vida.

Orientar porque reconocemos que todo tiene un movimiento, que ya está en movimiento. Y viene con nosotros para ayudar o estorbar, para potenciar o dividir.

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