Las posibilidades que no vivimos

caja-de-posibilidadesNo nos queda más remedio que reconocer, y reconciliarnos a un tiempo con nosotros mismos, que nuestras acciones y elecciones llevan aparejadas renuncias. Más de las que quisiéramos incluso. Y que no hay forma alternativa que nos permita vivir de otro modo. De alguna manera, sintiéndolo mucho, no tenemos otra posibilidad -curiosamente, aquí no existe libertad- que ser libres y vivir la libertad de este modo. Una entre muchas, algo en la totalidad de lo vivible, reducción de la experiencia y limitación de la propia vida. Desproporcional atadura.

Soy de los que piensa, sin embargo, que aquí reside curiosamente la grandeza de la vida humana, que existe un tesoro escondido en quienes abren los ojos para contemplar la debilidad del hombre abandonando las quejas y los lamentos, que quizá estemos aposentados en la tierra más rica del mundo y sólo hace falta excavar con nuestras propias manos, inteligencia y pasión. Es nuestra libertad la que nos permite esclavizarnos y cerrar puertas, tanto como abrirlas; la que nos permite ceñirnos a aquello que verdaderamente somos, sin estar siempre atentos a los despistes de las posibilidades que van y vienen, y las llamadas de atención y desvaríos del mundo. ¡Gloriosas limitaciones que nos hacen estar pegados al mundo en que estamos, nos movemos y existimos!

Sólo hay unas posililidades no vividas que merecen nuestro lamento y lágrimas. Aquellas que sabemos que nos habrían hecho mejores, aquellas que en la que otros nos reclamaban como suyos, las que no supimos aceptar por miedos, por qué dirán, en las que huíamos del sufrimiento y de la grandeza de nosotros mismos, aquellas que nos hicieron peores, más cómodos, más egoístas, aquellas en las que no reconocimos nuestra esencial obligación de vivir y ser como personas, no como cosas ni como máquinas, en un mundo rebosante y repleto de otras personas, y no de cosas. Esto sí es lamentable.

Entiendo las lágrimas, las supongo, de aquellos que no auxiliaron a quienes viajaban hacia Lampedusa. Entiendo sus lágrimás, también las mías por eso mismo. Quizá pudimos hacer algo y no lo hicimos. Quizá puedo hacer algo ahora mismo, y estoy aquí lamentablemente. ¡Qué pena!

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