Nuevas formas de ateísmo

Esta tarde asistiré a las Jornadas Teológicas de Comillas. El tema es de lo más apasionante. “Nuevas formas de ateísmo.” Una facultad de teología, sensata y tocando mundo y al hombre moderno de carne y hueso, no puede obviar este asunto de ninguna de las maneras, ni encerrarse en sus devenires y avatares lógicos. Vaya por delante mi más sincera felicitación, aunque no sea una felicitación de nadie notable, sino de uno más de la calle, como tantos otros que quizá también se alegren.

Lo segundo. Reflexionar un poco antes de escuchar lo que otros tienen que decir. No ir en blanco. Tampoco creer que puedo agotar nada. Más que nada para saber dónde estoy a grandes rasgos, de dónde parto, cómo me posiciono. No tendré ningún problema en mostrarme a mí mismo que estoy equivocado cuando esta tarde escuche cosas interesantes. Es más, sabré que son interesantes precisamente por eso, por haber pensado algo antes, aunque sea poco. Me va a ayudar mucho a valorar la capacidad de reflexión y exposición de otros.

A mi modo de ver, lo enfocaría por dos caminos.

  1. El ateísmo de los no religiosos. Que ha dejado de ser militante y combativo, incluso dialogante y racional-argumentativo para convertirse en un fenómeno puramente sociológico. Algo “de masas”, de muchos, que se da por supuesto prácticamente, sin pensamiento ni criterio, que no se separa de nada especialmente. Por otro lado, está preñado de una profunda indiferencia, casi indolente frente a las creencias de los otros. Y también diría que resulta incómodo ante las grandes cuestiones, como si atrapase demasiado rápido a las personas en respuestas del todo simples, recibidas. Lo que antes pasaba con los catecismos de preguntas y respuestas, ahora sucede con el ateísmo de preguntas sin respuesta. Además, hay una forma de ateísmo moderno que ha tomado la calle para expulsar, al menos en occidente, todo lo diferente a él.
  2. En la reflexión, no desatendería al ateísmo de los religiosos, de los creyentes. Ese que todos llevamos dentro por ser hijos de nuestro tiempo, que siembra dudas, que se ve obligado a sospechar y que es desconfiado, que pisa sin fuerza en ocasiones sobre sus propios pasos. Una “voz interior” revoltosa e incómoda, que hace tanto bien como mal, y que deja tan desprotegidos y tan imposibilitados para los dogmatismos.

Luego seguiré la reflexión. Ahora toca ponerse a escuchar.

 

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