6 misterios de la eficacia y de la eficiencia

Supongo que los refranes antiguos tenían una doble función: por un lado, consolidar el bagaje cultural de la humanidad en su conjunto, que camina indiscutiblemente unida cuando no se pisa; y por otro, reírse a través de una imagen sencilla de quien no se ha dado cuenta, todavía, de lo evidente. Risas pedagógicas, para que no lo olvide. Porque “la letra con sangre entra”. Y precisamente, muchos refranes antiguos tienen que ver directamente con lo que hoy llamamos eficacia y eficiencia. Los refranes antiguos tenían que ver, como su nombre indica, con la antigüedad. Y aquellos hombres y mujeres, labriegos endurecidos, eran terriblemente dependientes de los ritmos de la naturaleza y de los caprichos del destino. Consolidaron lo que hoy desvelamos como “misterios” a través de la vida directa y el inmediato trato y contacto con la vida misma. Ellos hacían refranes, porque no tenían tanta prisa como nosotros. Los modernos conceptualizamos en palabras.

  1. Claridad. Para ahorrar tiempo y fuerza, en todos los sentidos, es tan importante decir con claridad lo que hay que hacer como recibir la información con nitidez. Algunos jefes quieren eficacia sin saber bien qué es lo que tiene que hacer quien tenga que hacerlo. Por pedir, que no quede.
  2. Ahora. Las tareas que son urgentes vienen con retraso. No puedes tenerlas terminadas para ayer, pero sí empezar con ellas ahora. De esta manera, además, se va descargando la lista de demandas y pendientes. Poco eficaz va a ser aquel que ve cómo se llena la lista A y la lista B, sin hacer nada a cambio. La mayor parte de tareas, en la mayor parte de trabajos, son perfectamente adelantables y se pueden prevenir y ajustar a un calendario.
  3. Recursos y flexibilidad. Conocer bien el ámbito en el que te mueves, saber desempeñar tu trabajo con competencia. Lo contrario de aquellos que parten siempre de cero y quieren hacer de todo algo creativo, libre, abierto. Ofrecer una respuesta rápida y competente, que domine y controle aquello que hace, implica necesariamente no sentirse solo ante la tarea.
  4. Concentración. Frente a la dispersión y a las múltiples tareas simultáneas. Contrarse, por otro lado, no es ni obsersionarse ni obcecarse cerrilmente. Significa más bien mantener el rumbo en una misma dirección y meta, tener claro dónde se tiene que llegar y de qué tiempo y recursos se dispone para hacer el camino.
  5. Confianza. Creer que se puede, no dar por imposible lo que no se ha empezado, no tropezar demasiadas veces con las quejas personales y ajenas, hacer que aquello que viene a desviarnos nos resvale olímpicamente. Y seguir manteniendo el rumbo, es decir, celebrando cada paso conseguido, aplaudiendo los progresos, valorando la tarea que se realiza.
  6. No buscar la perfección. Porque es enemigo radical de lo bueno.

Cualquiera de esos seis elementos anteriores, aplicados al trabajo, nos pueden hacer más o menos buenos, eficientes y eficaces. No me cave duda. Llevados, sin embargo, a la vida cotidiana, considerando el trabajo como algo propio de nuestra vida, además tendrá capacidad para hacernos vivir mejor y más felices.

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