Primero vivimos. Después, y sólo algunos, se hacen algunas preguntas.

A mi libertad pregunto hoy dos cosas, que considero necesarias. (1) ¿Crees que estás sola en el mundo, que no hay otras libertades ahí fuera con las que dialogar? Dicho de una manera más incisiva: ¿Qué otras libertades reconoces a tu alrededor, y de qué manera te relacionas con ellas? (2) ¿Hacemás más libres a los demás, siendo libre, o por el contrario se produce una cierta “esclavitud” en una u otra dirección?

Una me ha llevado a la otra, sin detenerme demasiado. Ambas, por qué no decirlo, me parecen de una seriedad radical. Me parece demasiado serio saber que lo que yo hago, digo, opino, terminará en el corazón de alguien, influyendo su vida, marcando camino, abriendo o cerrando puertas. Y me provoca pavor que esa parte de mi vida prosiga su andanza sin luz y sin amor.

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