Cuando no todo se puede contar

No sé bien qué imagen puede acompañar a la intimidad de las personas. Creo que algunas tienen muchas lagunas, que más que ayudar estorban e impiden vivirla bien. La intimidad no puede ser una habitación oscura del alma, o un castillo terriblemente defendido, ni un laberinto elambricado y sembrado de pruebas. Tampoco creo que deba ir en el sentido de un refugio personal, exclusivo, a modo de lugar solitario de vacaciones, y mucho menos un universo paralelo diseñado por la imaginación. Cuando pienso en la intimidad, y en el proceso de destrucción de lo privado y lo público, veo que muchas propuestas fracasan al querer hacer de ello algo humano y al mismo tiempo privarse del encuentro. Lo íntimo no se puede contar, al menos de cualquier manera. Pero se debe contar, estar iluminado. Cuando el corazón del hombre se cierra, termina pudriéndose irremediablemente. Cuando se airea demasiado, desaparece como lo que es. Difícil equilibrio.

Lo íntimo lo comprendo también como espacio del encuentro más auténtico. Esto no puede ser, dicho sea de paso, ni con cualquiera ni de cualquier modo, ni con todos. Sólo algunos pueden deslizarse tan hondo dentro de las personas. Y no lo digo como reproche de nada, ni como cautela para nadie. Para llegar verdaderamente a lo íntimo, y no a otras salas con ese nombre falseando la realidad, la persona debe estar abierta a la verdad. Y entiendo que sólo desde el amor, queriendo y dejándose querer, se puede participar de la intimidad de otra persona. No digo comprender, ni querer comprenderlo todo. Sino querer, y estar dispuesto a quererlo todo. No todo se puede contar para que lo íntimo y personal sigan siendo lo que son.

La palabra intimidad está muy deteriorada. Participa de un enfrentamiento con lo social, que son otras personas, que la está destruyendo. Prefiero hablar, como muchos hacen también, de la interioridad de la persona. Porque refleja un misterio, esencial a la persona misma. De esto interior, de lo cual todas las personas tienen experiencias, hay veces que no se puede hablar porque faltan las palabras. Sin más, sin rodeos. Se necesita acceder de otro modo. Es lo que decía antes respecto del amor.

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