Síntomas de aceptación de la debilidad

Sabemos que somos débiles, pero lo sabemos muchas veces al modo como conocemos las cosas a través de los libros o como miramos el mundo por la ventana de nuestra cómoda habitación. Y todos sabemos que, por mucho que sepamos sobre algo, una cosa es tener noticia de ello y otra muy diferente vivir, responsabilizarse y comprometerse en el grado que demanda nuestra aparente sabiduría. De ahí que entre hablar -o escribir, que es peor- y ser exista una gran diferencia. Por mucho que nos empeñemos. La verdad, dicho de otro modo, no se alcanza en la distancia. Es preciso acercarse, o dejarse alcanzar por ella. En ocasiones no podemos elegir el modo en que llegamos a la sabiduría.

Indiscutiblemente una de las cosas que más nos cuenta aceptar de nosotros mismos es precisamente la debilidad, la limitación. Comporta una especie de sufrimiento, algo inhumano. Lo nuestro parece ser ir más allá, trascender las fronteras. Y sin embargo una y otra vez nos topamos, antes de salir de nosotros mismos, con la fragilidad y la finitud, primeramente la nuestra.

Sobre los síntomas, apunto algunos. No de los leídos, sino de los vividos.

  1. Poder poner nombre concreto. Hace falta ser valiente.
  2. Sufrir la frustración del límite y las incomodidades.
  3. Pedir ayuda sin remilgos ni culpabilidades.
  4. Lo anterior supone ser capaz de hablar de ello.
  5. Aceptar ayuda sin haberla pedido.
  6. Lo anterior supone que o bien se ve o bien hemos dejado ver lo que nos pasa.
  7. Acoger la frustación cuando llega.
  8. No plegarse al momento de la debilidad. La vida engloba mucho más.
  9. Querer al hombre concreto, a lo humano aunque sea distante.
  10. Amar la debilidad en el otro, con compasión y ternura.

Cuando llegan estos momentos de debilidad, de fragilidad, de inconstencia personal se abre también la enorme posibilidad de no encerrarse más en uno mismo, de salir al encuentro del otro, o dejarse encontrar. Comprendo a que nadie le gusta que le vean en la miseria y en la pobreza de su ser. Nadie desea ser mirado o contemplado de ese modo, porque piensa que le van a humillar, a hacer daño o a aprovecharse de él precisamente por estar así. La miseria del hombre tiene mucho que ver con la barbarie que hemos contemplado en el mundo, y el daño que provoca. Pero no es así. Puedo decir que la debilidad revela un rostro diferente del ser humano que somos y del que tenemos delante. Es sobrecogedor dejarse querer,  aprender a quererse de este modo, sin rechazar lo que somos o lo que llevamos en nuestras circunstancias.

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