3 límites del sentido común

El sentido común es la voz de los muchos, ajustándose siempre a la normalidad. Por consiguiente, todo aquello que no pertenezca a los muchos y que roce lo extraordinario se escapa de su alcance. Aún así, el sentido común prosigue con su conversación interna y externa, dando continuamente sus apreciaciones y mostrando indiferencia ante lo desconocido. No es que le importe poco o nada, sino que sencillamente no puede hacer nada más en este asunto. Como si un español de campo escuchara hablar en francés. El sentido común se apropia de lo distante, está ciego frente a las notas que en la misma realidad apuntan más allá de sí misma. De este modo, quien está viviendo fuera de sus límites recibe sus palabras como llegadas de un universo surrealista. También tiene la continua costumbre de hablar sin parar, aborreciendo el silencio sin saber bien por qué y alejándose de la cautela que necesita para ser prudente.

  1. Lo de los muchos resulta imparable. Claramente son demasiados, la mayoría, se encuentran por doquier y no sabes cuándo saldrán a tu encuentro. Sin embargo, no todo es cuestión de cantidad, sino de la relación que se establece entre ellos. Como se escuchan unos a otros, se refuerza su propia opinión confundiéndola con la verdad, con lo que toca, con aquello que resulta más obvio y evidente. Aquí fenecen sus búsquedas de algo más, al reiterar en exceso lo que no fue enteramente pensado y vivido.
  2. Lo extraordinario se esconde, como el misterio. No digo que esté reservado a unos pocos, ni mucho menos. Más bien creo firmemente que toda vida humana, personalmente vivida, resulta única y por ello mismo extraordinaria. Lo maravilloso no existe en función de lo radicalmente original, sino más bien en la percepción de la realidad como única o en sus unicidades. Será cuestión por tanto de emprender camino en esta dirección, resaltando aquello que, por mucho que se parezca a lo anterior o a lo de otros, resulta genuinamente único y distinto, extraordinario en ese sentido. Ciertamente algunas vidas lo tienen más fácil que otras para saber reconocer, sin mentirse y sin falsear la realidad, las notas que identifican lo extraordinario. Y al mismo tiempo, todos lo quieren, desean y buscan por igual. Creo que el egoísmo, en cierto sentido al menos, es la conformación del individuo identificando la unicidad de la realidad exclusivamente consigo mismo, sin atender y despertar al mundo que comparte enteramente con otros. Lo extraordinario, por sí mismo, viene también de los demás, de sus palabras originales, de lo vivido en relación y con ellos, de la desprotección ante la vida misma y su verdad más íntima.
  3. Desconocer el silencio, convertir la palabra en dicharachería pura y constante, y la comunicación en una especie de escenario televisivo en el que destacar. Tiene buena intención, habitualmente. Quiere hacer algo bueno y bien, decir lo que toca. Conjuga torpemente su ansia por destacar y hacerse cercano con la miseria de no atender lo verdaderamente original e inapropiable. Es curioso estar viviendo un misterio mientras otros creen que pueden interpretarlo mediante ejemplos de otros casos, mediante palabras pequeñas que pretenden hacerse llegar con afinidad. Esto hace que lo extraordinario en quien lo vive se ilumine aún con más fuerza, se haga más y más distinto y distante, más velado y oculto, más sincero en su esencia.

 

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