Prepararse para la prueba

La primera vez -significativa- que tuve la sensación y la obligación de “prepararme para la prueba” tenía recién cumplida la mayoría de edad, vivía en Madrid y me esperaba un viaje fuera de la capital con gente desconocida durante un año entero. No fue cosa mía, ni decisión propia. Venía así, y así había que acogerlo. La frase aparecía literalmente en una postal que me envió una persona cercana. El correo postal existía y funcionaba bien. De toda la carta sólo recuerdo aquella frase. Y la palabra “prueba” pasó a ser importante en mi vida. No sabía de qué se trataba, ni podía adelantarlo. Sonaba a renuncia, sufrimiento, dolor, exigencia, dar la talla, estar a la altura, marcar un nivel. Todo lo que significaba para mí era terriblemente negativo. Y algo hacía inevitable “la prueba”. Estaba como marcada en el horizonte, y ya vendría. A su tiempo. Que yo desconocía.

Hoy me planteo de nuevo aquella frase del capítulo 2 del libro del Eclesiástico. Se me ocurre que existen dos caminos preferentes para la preparación: uno que nos invita a desarrollar capacidad de sufrimiento y tolerar la frustración; otro que pretende ganar fuerzas y entusiasmo. Supongo que la mayor parte de las veces conjugamos ambos, con esfuerzo. Aunque cada uno pueda tener un tiempo preferente y oportuno. Como ante un examen, o una competición deportiva, o una entrevista de trabajo, o algo más serio. Dentro de cada uno podríamos hablar de:

  1. Pensar y reflexionar. Traer a la mente, al corazón, al presente aquello que está por venir. De algún modo podemos imaginar parte, nunca exacta a decir verdad, de situaciones futuras. Vivirlas antes de tiempo es estúpido, e impreciso. Pero ayuda a prepararse, que es el tema.
  2. Descargar tensiones que se adhieren. No todo el equipaje es necesario. De hecho, diría que podemos vivir con mucho menos en todos los sentidos.
  3. Recuperar la centralidad y lo importante. Las jerarquías, de cara a las decisiones, a la fundamentación de la propia vida, al sostén y soporte de lo que va sucediendo. Como una especie de, por decirlo de otro modo, apuntalamiento de vigas para reforzar el edificio.
  4. Agradecimiento frente a la queja. Algo más a mi entender que positivo frente a negativo. Esto es más una búsqueda y profundización, deseando agarrarse a lo que merece la pena cultivar y subrayar. El mérito de estar vivo nunca es de la persona, siempre es un regalo. Así como la mayor parte de cosas que suceden en él.
  5. Conocer y aceptar límites. Esto será siempre clave. No hay duda. Los propios y los de la realidad en la que vivimos.
  6. Seguir soñando y querer más. Me quedo sin palabras. Esta es la clave radical del entusiasmo.

La vida -esta al menos, que es la que vamos conociendo poco a poco- parece ser una continua preparación de pruebas de uno u otro signo. Hoy se me hace hermosa la preparación para la prueba del amor, para el amor mismo, para amar y ser misericordioso, para liberarse de sí mismo y ser capaz de entregarse. También el amor es un reto, y por tanto puede llamarse prueba.

Lo que pienso, de todos modos, es que prepararse por prepararse tampoco tiene sentido. A cada uno le corresponde un afán diferente.

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2 comentarios sobre “Prepararse para la prueba

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