Volvamos la mirada a la persona con la que hablamos

Los teléfonos nos han privado de una comunicación completa. Ahora quizá comiencen a devolverla, en parte. Nos hemos conformado con escuchar simplemente una voz. Eso no puede ser todo. La persona necesita ser mirada, pues también se comunica de otras maneras. Necesitamos comprobar qué hace y cómo está de otras maneras. La voz, las palabras engañan. Algunas las pierde quien escucha, precisamente por no saber escuchar, por no estar atento. Nos podemos permitir el lujo de no estar al completo con quien habla al otro lado de la conversación; no nos ve, no está con nosotros.

Escuchar también es mirar. El entorno, el lugar, la situación, el contexto.

Quizá ya te has dado cuenta de que con mirar adecuadamente, como en actitud de contemplación y educándose en eso precisamente, descubrimos muchas cosas de las personas que nos rodean, de las personas con quienes convivimos, de quienes decimos que ya conocemos, aunque sea en parte mentira.

En verdad se puede ver la felicidad, tanto como la confianza y la libertad. Algo se transmite en el entorno, capaz de mostrarse con bastante fidelidad.

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