Hace unas semanas me entretuve con mis alumnos a medir la temperatura del mundo.

Hicimos listas de problemas, casi interminables, por ámbitos. De repente se volvieron expertos identificadores de los grandes males del mundo. Conocían detalles ecológicos, usaban términos económicos con relativa fluidez y pertinencia. Me dejaron asombrado. Hablaban con desparpajo, como se tratan los temas en los debates de televisión. De hecho, creo que más de una frase se les ha quedado grabada a fuego, y la repiten como una unidad de sentido.

No podíamos terminar ahí. Establecimos grupos por intereses -algo más allá de sus amigos y de los alumnos con los que habitualmente trabajan- y nos dispusimos a buscar ideas para dar solución a tanto problema. (Nunca me ha gustado que las esas páginas de matemáticas con ejercicios se llamen “problemas” en lugar de “búsqueda de soluciones”, pero esto es cosa mía. Tampoco me parece adecuado pedagógicamente que tengan una única solución, pero es que soy muy especial.)

Los grupos comenzaron a funcionar y me quedé asombrado. Casi todos los grupos recurrían al trueque, con sus palabras y sus exposiciones. Identificaban como mayor problema, en todos los sentidos, el dinero. Por lo tanto, había que eliminar el dinero. Aquella clase se convirtió en un verdadero elogio del intercambio justo, y también de la generosidad. De algún modo se imponían la obligación de dar-para-recibir.

Ellos mismos superaban las reglas del trueque, a su manera. Existirían personas que no podrían participar con las mismas reglas de todos. Sus circunstancias se lo impedirían. La sociedad debería responder de ellas. Traían a colación continuamente la expresión “para que sea justo”. ¡Qué emoción! El objetivo de todo aquello era vivir bien y convivir bien, no ganar y ganar para hacer diferencias y distinciones.

No digo la edad de los pequeños para no dejar en ridículo a los más mayores. Estos al menos aportaban, a su manera, soluciones. Quizá no funcionen a escala global -quizá sí-. Pero a pequeña escala sigue presente. También en la red.

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