7 esclavitudes modernas

El concepto de “esclavitud moderna” no trata de ocultar que en el mundo siguen existenciendo espacios para verdaderas esclavitudes, al modo como leemos en los libros de historia, y que convendría denunciar y sacar a la luz con ahínco. No pienso sólo en tercer y cuarto mundo, también en el mundo occidental. Sin embargo, es verdad que buceando por debajo del desarrollo y el progreso en todos las dimensiones de nuestra sociedad, descubrimos que aparecen otro tipo de esclavitudes, y por tanto de esclavizadores, que restan libertad y capacidad de decisión a las personas. De alguna manera nos volvemos deudores y siervos de estos nuevos mundos. En parte porque todo proceso es ambiguo, en parte porque forma parte de nuestro estilo de desarrollo la creación de continuas necesidades.

  1. La soledad en la era de la tecnología. Es sabido, y no hay que engañar a nadie por ello, que al mismo tiempo que la tecnología ha ido tomando parte en la vida cotidiana de la gente, también se va incrementando una cierta soledad. Curiosamente, en paralelo al surgimiento y desarrollo de los chats y las redes sociales, se comienza a hablar de el aislamiento que provocan. Por una parte porque “obligan” a la postración delante de la pantalla del ordenador, no pocas veces estando éste en una habitación aparte del resto de la familia; por otra, porque la sed que despiertan de trato personal y directo no se ve satisfecha. Al llegar los móviles con conexión a internet y todo tipo de aplicaciones sociales, el hábito ya estaba creado, pero la conexión se expande más allá de la habitación, y por tanto también se difunde el aislamiento y la falta de “presencia” real. Una de sus grandes consecuencias es la condena a la soledad que experimentan no pocos jóvenes y adultos. Si no, preguntad.
  2. El egoísmo de la abundancia. Cosas y más cosas, acumuladas, usadas un par de veces, almacenadas hasta nuevo momento. Tantas cosas que no viene siendo necesario repetir. La repetición se condiera aburrida, como si nos estancase en un tiempo determinado. Obliga la novedad, las múltiples posibilidades, las tendencias de última hora y las nuevas aportaciones. Tenemos tanto, que tampoco sacia, que de nuevo comienza la búsqueda hacia aquello que de verdad nos calme un poco, aunque sea por unos días. Así sucesivamente, condenados a prescindir de lo que ya tenemos y a sentirnos inconformistas.
  3. El presentismo sin futuro. El presente es todo lo que podemos disfrutar. En no pocas ocasiones dan ganas de huir de él. En muchas otras, se desea que no se termine jamás. Sin embargo, en los tiempos modernos la exaltación del presente nos da dejado desvalidos para proponer y comprometernos por un mundo -futuro- que responda a un ideal de vida personal y social mayor. De ahí la caída de ciertos valores clásicos que impulsaban la historia. Y a la par que esa sensación de falta de futuro, o de pérdida de tiempo en esa dirección, se ha producido una reacción también respecto del pasado en el que “la historia” ha dejado de ser maestra para ser simplemente pasado. Lo antiguo no tiene el peso que en otras épocas, tampoco lo aprendido y establecido en la tradición social y en las costumbres. El presente manda,  y para hacerse único prescinde de la totalidad del tiempo en el que vivimos. A los grandes relatos se suceden los microrrelatos, que son vivibles de un tirón. Ya se buscarán más. Hasta entonces, ¡carpe diem!
  4. El sentimentalismo sin ternura ni compasión, sin razón. La división de lo humano y su mutilación en lo egoísta. Los sentimientos se provocan a través de “cajas mágicas” en las que aparecen imágenes y música, y hacen disfrutar o dejan desconsolados. Pero en la vida real, en la “de andar todos los días” los sentimientos colapsan, no se integran, no se maduran, gobiernan a sus anchas. En parte es lo que queremos porque nos hace “sentir vivos” con sus movimientos y aceleraciones. Cuando el sujeto no está bajo su dominio se encuentra, por contra, aburrido y apático. O así se dice. Con los años se ha formado tal maraña abrupta de sentimientos que vienen y van que resulta imposible poner orden con sencillez y vislumbrar racionalmente con claridad. Entonces se hace patente la división del sujeto, que piensa bien para otros -quizá- y decide con seguridad sobre los demás, sin atar sus propios estímulos ni ser dueño de sus deseos y tensiones. Los sentimientos causan tensiones, deciden, se apoderan de la libertad. ¿Quién manda y por qué hiciste esto? ¡No lo sé!
  5. La información que genera ignorancia. Paradógico, pero cierto. El exceso de información variada, desordenada y poco crítica, combinado con la falta de memoria, provoca ignorancia derivada de la desinformación. Puntos de vista aislados, personales, y falta de diálogo.
  6. La necesidad del éxito y del reconocimiento. A la par que la proclamación de la autonomía y la independicia. Lo cual provoca que se vendan necesariamente libros de autoayuda a manos llenas para estos difíciles equilibros. No se sabe bien qué ocurre, pero el éxito y la victoria tienen algo que hace que las personas en las sociedades modernas quieran olvidarse incluso de ellas mismas, y por lo tanto de los demás.
  7. La ciencia sin pretensión de verdad global. Conocimientos especializados y parcializados, muchas veces deudores de sus propios presupuestos e interesados en confirmar sus hipótesis. Campos que se han desarrollado con mucha profusión y detalle, pero que siguen dejando en la oscuridad las grandes preguntas del hombre. Con cierta pretensión cientificista, la verdad pretende ser reducida a una cierta certeza de los datos y de los números.

Sobre cada uno de los puntos anteriores convendría dialogar y reflexionar con mayor detenimiento. Ojalá surja algún tipo de diálogo al respecto. Sin miedo a ver lo que está sucediendo. Cada época ha sentido necesidad de ser liberada de sí misma para alcanzar libertad y mayor horizonte. Quizá sea esto lo que está ocurriendo.

Por otro lado, no pretendo caer en el pesimismo, ni hacer una crítica social desencarnada. Seguramente podemos entender de forma positiva estos mismo fenómenos.

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