Lugares para el silencio

Decimos, con buena intención, que cualquier sitio sirve para casi todo, pero nos mentimos intentado ser mejores y no queriendo buscar excusas. Todo lugar puede ser útil y ser mediación en preciso momento. Pero también experimentamos en ocasiones que ni nuestra misma casa nos da cobijo suficiente, silencio necesario, motivo de reflexión. En lo propio encontramos mil razones para distraernos y dejar que otros nos interfieran. Hace falta encontrar otros espacios más proclives a la paz que requieren determinados momentos, para una buena reflexión, para un buen tiempo de silencio, para ser capaz de escuchar y escucharnos, de silenciarnos y prestar atención sin la interferencia de tal o cual cosa. Son necesarios. Y los hay.

En la ciudad bien puede ser un banco retirado, una iglesia entreabierta, un parque poco conocido, o incluso una escalera. Creo que es cuestión de buscar sin desalentarse. Parques suele haber, rincones también. No tiene por qué ser un sitio limitado en el que estar quieto. Aunque a mí particularmente me ayuda. Hay quien lo encuentra en el movimiento, en la actividad ligera, en ir de un sitio a otro sin más rumbo, metido en sus cosas.

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