A propósito de lo que llamamos Misterio

Podría aprovechar un tweet de @scasanovam para empezar (“Estar abierto al misterio es difícil en una sociedad que nos anima a saber todo, controlar todo, preveer todo… pero es el lenguaje de Dios”), pero lo cierto es que este post arranca en una conversación anterior con un compañero de trabajo. Esto del misterio nos sigue llamando la atención y tiene mucho atractivo. Prueba de ello, para bien o para mal, es que sigue estando presente. Lo peor es que hay quien quiere entenderlo, destriparlo y, por ende, jugar con él hasta el punto de romperlo. ¡Somos como niños!

El misterio es, por definición, incógnita, inexplicable, oculto, reservado, velado. De todo esto le viene su fuerza, la impresión que causa en el hombre, la huella que deja en la historia, el impacto que nos revela que algo pasa y acontece sin que lleguemos a comprender ni formular las preguntas adecuadas. Misterio, también es verdad, no es una palabra que pueda emplearse a la ligera para cualquier suceso. El misterio no lo provoca ni nuestra ignorancia ni nuestros errores. Es inaccesible en su totalidad porque pertenece a su esencia. Si me quedo con un pedazo pequeño de la experiencia y la analizo probablemente encontraré algo que pueda entender. Pero no en su conjunto y totalidad, no si respeto todo cuanto tengo delante. Y esto no implica irracionalidad. De hecho, estoy pensando en lo contrario. Razonablemente estoy ante el misterio, por ejemplo, de la Vida, del Amor, de la Libertad, de la Historia.

No todo lo que no entiendo es Misterio. Esto tampoco tendría sentido. Como he dicho antes, no puede ser fruto de mi ignorancia, sin más. Esto sería lo mismo que decir que es el hombre quien crea el misterio. Por eso hay que empeñarse y esforzarse por derrocar “mitologías y cuentos” (dos palabras que denuncian las mentiras de los narradores de hechos, aunque a mí me encanta la literatura, y creo que detrás de ella hay verdaderos esfuerzos por entender el mundo y el hombre, y darles explicación a la medida de nuestra capacidad de comprensión). Sin embargo, los esfuerzos por desmitologizar, y por colocar a los cuentistas en su sitio, no ha conseguido eliminar la experiencia humana cotidiana del misterio y la fuerza de su interrogante y preguntas. Palabras han venido, desde la filosofía y la ciencia, que han querido sustituir su fuerza, pero no han sido capaces de agotar su esencia. Sigue ahí, presente y permanente, inquietando con su acción en el mundo.

El Misterio, tal y como lo entiendo, tiene además la capacidad de revelarse a sí mismo. Esto lo dejo para otro día, para tratarlo de otro modo. Quizá la mejor manera sea una conversación, y no sólo una entrada en este blog. Es necesario preguntar al Misterio mismo, dejarse interpelar. Cierto es que, en la sociedad que hace pensar al hombre en su propia omnipotencia, limitada sólo por el momento de la historia que le ha tocado soportar y vivir, se hace difícil. Pero no imposible. Lo más posible, lo más real en todos los sentidos será siempre superar la ignorancia de nosotros mismos y hacer de nuestra razón, en este sentido, una verdadera luz en el camino.

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