Uno de los primeros impulsos de la red social, a medida que se extendía por cada hogar y cada móvil, fue darnos cita en un espacio común en el que poder encontrar de todo, variado y esparcido sin criterio alguno. Nacieron las grandes redes que pescaron usuarios por doquier. Una vez tejida su maraña de relaciones, de intereses, de gustos, de comunicaciones, de eventos, ahora comienza a observarse un segundo estadio del proceso, que camina hacia las redes pequeñas, como cerradas y en grupúsculos. Las encuentras de todo tipo. Incluso te ayudan a tomar decisiones de forma colectiva. También se comparte cine, teatro, libros, arte, cultura, videojuegos, fotos. Se habla en ellas específicamente de perros, de gatos, de plantas, del orgullo friki, de los exámenes, de las ciudades, de las vacaciones… En definitiva, cohesión no lograda, incapacidad nuevamente manifiesta para construir algo en común. Seguirán creciendo las pequeñas parcelas en una humanidad que se esfuerza en distinguirse y no se atreve a reconocerse única.

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