Los contrarios al egoísmo

Salir de actitudes egoístas, o sus variantes reales o inventadas (egocentrimos, egolatrías, egotismo, egofilia…) no es camino fácil. A menudo se proponen soluciones idealistas y pretenciosas, sacadas de tal o cual libro de consejos prácticos para vivir que son imposibles de realizar. Mientras tanto, a base de golpes y choques con la dura verdad de uno mismo, se va apalancando con creciente fortaleza aquella actitud que en principio nos incomodaba. Va salpicando de justificaciones y de defensas su posición atrincherada hasta que difícilmente somos capaces de alternar con otros gestos de mayor valor y calado. Quizá por miedo, quizá por desconocimiento, quizá porque incomode un cambio tan intenso y profundo. No debemos olvidar aquella preciosa imagen del egoísta como ser encorvado sobre sí mismo, que bien podemos resumir en el ombligismo de lo propio creciendo desde dentro, olvidándose de los demás.

De las salidas exageradas al egoísmo destacaría una que, en según qué ambientes está muy presente, llamada “olvido de sí mismo”. Tan valiente y radical que, en los mismos libros que la editan, tiene que matizarse. No puede ser de otro modo. Me parece descomunal el daño que puede realizar semejante actitud en manos de más de uno, convertidos por el nefasto azar en veletas de otros, en meros receptores de acontecimientos, en resignados viandantes que pasan de un sitio a otro sin decisión ni voluntad propia. Éste, sin menospreciar matices que se puedan hacer, tampoco puede ser el camino.

Como digo, resulta complejo plantear una alternativa viva y eficaz. Salvo el amor. También amor a sí mismo, amor verdadero, aprecio sincero y profundo por la propia persona, por la felicidad, por sus cualidades. No será un amor que lleve a la ceguera de creerse perfecto, como tampoco puede ser humano aquel que se considere constantemente una piltrafa humana sin peso ni calidad de tal, sin cualidades que resaltar, sin descubrir su propia y valiosa, muy valiosa, realidad como única en el mundo.

En cualquier caso, me parece que la gran pregunta sigue estando ahí. Dejar el egoísmo, ¿para qué? Ya no sólo el cómo, sino hacia dónde nos llevará. ¿Será una vida más feliz? Hay quien lo pone en duda claramente. ¿Haremos más felices a los demás? No necesariamente… Y así preguntas y preguntas, incógnitas derivadas de lo mismo. ¿Cuál es el objetivo? Y sigo pensando igual que al principio, que el egoísmo se abandona en la medida en que hay algo más, más allá de uno mismo a lo que agarrarse, aferrarse, aliarse…

La vida nos descubre que el egoísmo tiene sus contrarios. Sus enemigos. Y estaría bien plantearse que, en verdad, no sólo es el amor y el otro el mayor opuesto a semejante actitud. También somos nosotros mismos los que detestamos ahogarnos desazoradamente en las limitadas paredes de nuestros propios reductos mundanos, caducos y frágiles. En cada hombre de carne y hueso, en cada hombre real se cierne el peor enemigo del mal del mundo. Por tanto, sin esperar nada más y conscientes de eso, la propia felicidad y el propio bien se hacen defensores a ultranza de aquel reino que brega sin descanso oponiéndose diariamente a la cerrazón del desencanto de uno mismo, del egoísmo en estado puro, de la incapacidad para reconocer que pertenecemos cotidianamente a una humanidad común, a un mundo plural, a un universo que espera algo de nosotros, a una historia terriblemente compartida, a una lucha en la que encontramos más hombros amigos que enemigos. No estamos solos, ni queremos ser tan únicos como se propone por los altavoces de la publicidad y del engaño de las masas.

Anuncios

Un comentario sobre “Los contrarios al egoísmo

  1. Sin mucho meditar lo que voy a decir me parece muy honda tu reflexión, creo que en el fondo de el corazón propio, eso busca su equilibrio, junto con otros valores intercomunicados, especialmente la visión y sentido final de la vida (si hay o no fe..) Y así pues acaba siendo esta visión la que marcará esa búsqueda de equilibrio entre el egoismo y la entrega. Finalmente lo que no se da se pierde, pero perder la paz y la dignidad, y el derecho a la intimidad (sociedad del gran hermano global chabacana donde darse supone un show..etc,etc..). Jesucristo nos enseña y los santos estos caminos y en paz y con Dios, y con errores y paciencia, podemos madurar el nuestro particular con equilibrio entre realidad e ideal.
    En fin,… gracias Jose.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s