Presencia en la red

La red tiene todavía muchas más posibilidades de mayor implicación en la vida, tanto de las personas como de las sociedades. Nos damos cuenta en la medida en que analizamos la reciente historia, y hacemos proyecciones de futuro. Las “gafas de Google”, que para algunos serán una novedad de lo más llamativo, eran motivo de diálogo y ensoñación en foros seis años atrás. Recuerdo cómo se lo anunciaba a mis alumnos de Filosofía, y me miraban con cara extrañada como si estuviera hablando de convertirnos en una especie de Robocops de la vida cotidiana. Se estaba entonces diseñando una buena estrategia de mercado para hacer de este “progreso” un “comercio”. Igualmente ha ocurrido desde que las redes sociales han entrado a formar parte del “consumo ordinario” de la gente “conectada”, cuando no “enganchada” a internet. Primero el ordenador con sus videojuegos. Después el ordenador para navegar. Hoy el abanico se expande enormemente desde el PC al móvil, difuminando el espacio y construyendo un tiempo en eterno presente. Y en todo este panorama, sigo echando en falta dosis de profesionalidad que humanicen el trato y las posibilidades de tanta tecnología como se vierte y derrama. Los vínculos son reales, las conexiones también, las palabras que se lanzan, los proyectos que surgen, las herramientas aplicadas a distintos ámbitos, la modifición de los ritmos de trabajo, la incidencia en las familias y en la vida doméstica, la comunicación e información que nos hace ser pseudoperiodistas de nuestras propias existencias… No podemos quedarnos al margen, inconscientes ante todo cuanto pasa, sin orientarnos en sus marañas.

Hablamos de pérdida de valores, en según qué ambitos, sin haber echo el suficiente esfuerzo por construir los valores esenciales de la red. Aquí hemos llegado con lo que traíamos en las mochilas de la familia y el colegio, cada uno con su historia y sus gustos. Y no son pocos los que han optado por una presencia disociada en el continente virtual, haciendo de ello un mundo paralelo, en el que se manejan y hablan “de otro modo”, y navegan con sensación de libertad y contactan aquí y allá sin mayor perjuicio ni implicación personal. Hace falta construir valores, puntualizar lo fundamental.

  1. Coherencia de vida. Somos sólo una persona, en distintos mundos de relación ciertamente. También resaltar la necesidad de unidad en el “contenido” de la presencia en la red, tanto de lo que se sube como de lo que se sigue.
  2. Apertura al mundo, sin cerrarse a minimundos manejables. Y al tiempo saber utilizar la capacidad de difunsión limitada a personas concretas, así como el acercamiento específico de algunos contenidos.
  3. En la red también se actúa, no son sólo palabras. Las palabras también son acciones. Y éstas son la principal herramienta de la red, junto con la imagen que podamos crear.
  4. Aprender a ver, a leer, a analizar, a criticar, a dialogar, a cuidar, a atender… Habilidades sociales aplicadas a la red, medidas por tanto a través de herramientas que poco tienen que ver, en ocasiones, con el cara a cara, con la acción ordinaria de una persona en la sociedad “de la calle”. Son aprendizajes que hay que realizar para saber entablar relaciones que acompañen el crecimiento de las personas, evitando el riesgo del estancamiento o de la sensación de soledad.
  5. La protección y la prevención. Se habla mucho de “los datos” que manejarán no sé cuántas empresas para construir nuevos consumidores y diseñar políticas globales, y es cierto. Pero también me parece necesario cultivar actitudes de protección y de prevención personales, tal y como hacemos en la vida cotidiana.
  6. Ordenador personal y teléfono personal no se identifica con solitario o exclusivo. Aunque nos lo hayan vendido así. Porque parece que es más intocable y más secreto que los diarios de adolescente. Sobre todo pienso en los que entran y se educan desde pequeños. Pero también porque en adultos parece que se ha construido en torno a estos aparatos una ventana que nos pueden mirar más que ellos. ¡Qué verán en sus pantallas!
  7. Calculad el tiempo que se llevan. No sólo la cantidad, que sobre esto hay cuentas muy aproximadas o certeras. Sino sobre la cualidad del tiempo que hay que dedicar. ¿Qué tipo de vida se llevan? ¿La de nuestra gratuidad, la del descanso, la que debemos entregar a otras personas, la del trabajo, la de la familia, la de la reflexión personal, la de la lectura, la de las vacaciones, la de…? Cuando leo cantidades, y más números, sin atender a estos factores me parece que seguimos construyendo y mirando hacia otros lados para no ver de verdad lo que está sucediendo.

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