Acostumbrados como estamos a dosis diarias de malos augurios y predicciones pesimistas, me sorprende que durante la última semana se hagan paralelismos entre la situación económica y el fútbol. Saliendo este último fortalecido en el encuentro, desarrollando estrategias de diversa índole para levantar la moral de la población, para dotar a las masas de esperanza a pesar de la dura derrota. Un ejercicio de prensa positiva que habla de superación y de remontada épica. Aunque creo que hemos olvidado que la épica clásica, la que precisamente le da el nombre y carga de sentido esa palabra, se aferra a unos héroes que vencen entregando su propia vida. Algo a lo que no están dispuestos los ciudadanos de las modernas urbes, ni serían capaces de tolerarlo en las películas que consumen bajo este título. La épica nada tiene que ver con el fútbol, y debería estar más presente en la política de lo que imaginamos, pues de ella nace también la democracia.

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