Lo que voy a decir es tan básico que hasta los niños se hacen estas preguntas. El lugar en el que nacemos y vivimos, siendo un misterio que no hemos elegido, además nos hace ser, mirar, hablar, pensar, creer de una u otra manera. Ese lugar no sólo es el país, sino también los espacios básicos de socialización. Es más esto segundo que un lugar como tal, que un espacio. Me refiero a lo que nos hace estar de un modo concreto en un lugar determinado. Dos personas, por ejemplo, pueden habitar el mismo espacio en la calle pero verlo de forma completamente diferente por estar uno solo y el otro acompañado. Como también podrán escuchar la conversación que surge a su lado, o una interrupción de otra persona, de distinto modo. Este estar condiciona nuestro vida, de forma tan decidida que se confundirá con “nuestra verdad”. Sólo hace falta ser lo suficientemente valiente como para cambiar nuestro “estar”, dentro de la familia sin ir más lejos o en el trabajo, para descubrir que esto es demasiado cierto. Haz la prueba. Te darás cuenta fácilmente de lo que significa estar a un lado o a otro, de las batallas inútiles en las que nos creemos defensores de causas que son sólo cuestión de azar, sin libertad, y de las pocas veces en las que hemos escuchado con verdadera inquietud lo que otros, desde sus otros lados y mundos, han querido decirnos.

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