Miedo de ti mismo

Lo fácil es proyectar los miedos sobre otros. Lo común, sobre el futuro, como arrojados a lo lejos donde nadie puede cuestionar o debatir su existencia, su sentido o su sinsentido. Lo típico, darles voz, palabra y fuerza a los espejismos, y hacerlos así tan grandes y tan valiosos que parezcan realidades a las que merece la pena escuchar, atender y de las que cuidarse. Los miedos pueden hacer mucho daño cuando los planos de la realidad se mezclan, por extraño que pueda parecer. El miedo abre espacio a obsesiones, a visiones particulares, a contubernios ajenos a lo común, a extravagantes viajes de ida y vuelta de un universo a otro, a plazos aplazables indefinidamente por miedo a que los miedos se hagan realidad. Y en todo esto, ¡qué poco hablamos del miedo racional y sensato a nosotros mismos! ¡Qué poco tiempo se dedica, habitualmente, a estar atentos a nuestras propias trampas, ritmos, controles y descontroles! ¡Qué inexistente es este miedo, comúnmente, entre quienes hablan tanto de lo que les puede pasar en el futuro!

Hoy me desperté con la sensación de que también cultiva la dignidad personal el tenerse un tanto de miedo y respecto, sabedores, como en tantas ocasiones percibimos, que somos nosotros mismos para nosotros mismos un gran obstáculo para la felicidad, para el éxito, para la paz del alma, para el placer de la vida, para la bondad más grande que podemos conocer. Hoy amanecí con la sensación de que, entre las muchas tareas de las agendas ocupadas, el espacio reservado en un ciudadano medio para tenerse miedo resulta inexistente. Infinidad de peligros acechan fuera, ajenos y lejanos. ¿Por qué preocuparse de algo tan cercano y próximo, con quien hemos demostrado durante años que podemos vivir, como nosotros mismos?

No puede ser una cuestión tan sencilla. Más aún cuando intuyo que lo que verdaderamente le da miedo a tanta gente es su propia capacidad de amar, aquello que le mueve al bien por otros, que es lo que les hace a un tiempo débiles, frágiles, vulnerables, tiernos, flexibles, amables. Me temo que aquello que tanto bien nos podría hacer, por estar guardado en los baúles que ponemos en los altillos, se esconde en demasiadas ocasiones. El privilegio de verlo, que será sólo de unos pocos, constituirá el motivo máximo de la felicidad última, el signo de la entrega.

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2 comentarios sobre “Miedo de ti mismo

  1. No sé si ya has publicado alguna otra entrada acerca de los miedos proyectados, pero el primer párrafo me ha parecido abrumador. Lo curioso es que esa proyección, es casi inevitable hacerla, es la justificación para poder tener una opinión válida sobre algo, porque tenemos esa experiencia.

    ¡¡Cuanto miedo tenemos y qué bien disimulamos!! El miedo a nosotros mismos es cierto que nos frena, tendremos que estudiarlo y ponernos manos a la obra para quitárnoslo. Quizás sea nuestro mayor enemigo, y duerma cada día a nuestro lado sin darnos cuenta.

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