En verdad os digo que la noche es mágica, y que en la noche existen aún las sombras provocadas por el hombre. Sólo los necios creen que las tinieblas se ciernen de día. Quien ha vivido un poco lo desmentirá fácilmente. La oscuridad reina cuando todo se apaga, y proyecta sus sombras erguidas en los muros que fueron trazados en otros tiempos. Sombras, en verdad, que se sostienen con más vigor que sus causantes. Sombras que parecen más fuertes e indestructibles que su origen. Sombras que engañan en su firmeza, que se desvanecen al pasar. Sombras y más sombras que cubren, tapan, estropean, pisan palabras de otros, impiden la visión de conjunto, centran las fotos, llaman nuestra atención. Sombras que pasarán, como sin dejar huella, y no estarán mañana para quienes esperen en la parada del autobús el inicio de la jornada. Sombras que, como suele ocurrir en estos casos, fueron colocadas en un determinado lugar y a una determinada hora para hacer vivo el alborear de mañana.

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