Los consejos fáciles más allá de Twitter no funcionan. Aunque se retuiteen masivamente de boca en boca. Hasta que te toca vivirlos en propias carnes. Es entonces cuanto te das cuenta del poco valor que tienen algunas palabras por mucho aprecio que mantengas por las personas que las dicen. De verdad que resulta incluso chocante seguir estimando a quien ni siquiera escucha o comprender. Pero sucede. Y es muy normal y muy humano. Escándalizarse a la primera de cambio tampoco tiene sentido, y poner distancia por algo que quizá fue dicho sin excesiva reflexión. El amor siempre salva. También las distancias que aparentemente se nutren de miedos y de prudencias. Hoy alguien hacía referencia a la prudencia en una reunión, que a mi entender más parecía a cálculos de posibles siempre negativos y temerosos. Eso no es prudencia como virtud, porque la virtud es valiente y arriesgada. Más aún con determinados valores sustentando la vida.

Vuelvo a los consejos fáciles que se escuchan, y a repetidas ideologías y motivos recurrentes. Pueden dar seguridad a los pocos que no se han enfrentado a grandes cuestiones de la vida. Pero andado un poco de camino, y tomadas más de una decisión por aquí y allá, no deberíamos refugiarnos tanto en ellas. Me parece. El dogmatismo que encierran este “refranero popular modernizado” resulta tan contundente que se vuelve claramente poco humano, desatendiendo a las circunstancias en las que vivimos, que somos nosotros de una u otra manera indisolublemente. De ellas no podemos separarnos tanto como lo hacemos en la cabeza. Y lo que parece malo pronto se puede volver excelente, piensen lo que piensen los demás con sus popularidades.

Por salvar algo, diré que están ahí y por algo será. Quizá, siendo benévolo, para hacernos pensar nuevamente en que somos libres, somos personas en medio del mundo. Quizá para hacernos dialogar los unos con los otros, como punto de partida, y poder explicarnos nuevamente. Contar nuestra vida, con su historia, es una forma sublime de darnos generosamente los unos a los otros. Quien lo ha hecho puede dar testimonio de la cierta entrega que hay en lo que acabo de decir. Y, por último, también puede ser que estos consejos nos dejen ver que somos nuevamente únicos, renovadamente originales, inmedibles con criterios comunes y reglas que sirvan universalmente para todos.

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